EN ESTOS tiempos de pérdida de valores, de confusión y de cambios vertiginosos, y en los que la Iglesia católica está de capa caída, proliferan cual champiñones las nuevas religiones. Lo más sorprendente no es que aparezcan una docena de iluminados dispuestos a crear su propia secta y extraer pingües beneficios, sino las masas que se dejan liderar por el primer chiflado que aparece, llegando en algunos casos hasta el suicidio. O hasta la clonación. Es el caso de los raelianos, una fe que mezcla el racismo, el libertinaje sexual y la adoración a los extraterrestres. Pretenden alcanzar la eternidad a través de la clonación humana, y aseguran que ya ha nacido el primer bebé fruto de esta técnica, aunque la comunidad científica se muestra por ahora bastante escéptica. Creo que no ha sido casual que el anuncio de este nacimiento se produzca en Navidad, amén de que el nombre del bebé sea Eva. Parece que el tal Rael no tiene demasiada imaginación...