HEMOS HABLADO con justicia (yo también) de los héroes principales de la tragedia del Prestige : los mariñeiros que han defendido sus costas (y su mar) y los voluntarios que han defendido las de todos. Y hemos alabado la solidaridad de los que han hecho aportaciones, aunque sea comprensible la estupefacción del presidente de la Xunta frente a los que, en su inocencia, han tomado a Galicia por el Zaire y han enviado chucherías. (No estaría de más, en todo caso, que el propio Fraga se preguntase por qué han pensado algunos que vivimos en el Zaire). Pero no hemos hablado de momento de los otros héroes de esta historia: los millones de españoles que, tan contentos, pagarán con sus impuestos el río de euros que está costando limpiar el chapapote y evitar que se hundan en la miseria los miles de afectados por el vertido del Prestige . Con las excepciones de rigor (la de los vascos, que se solidarizan nada más consigo mismos) los demás contribuyentes trabajaremos también varias jornadas, como nuestros admirados voluntarios, para hacer frente a una catástrofe de la que no somos responsables. Lo que nos lleva de los otros héroes (con minúscula) a los otros villanos (con mayúscula) de esta historia malhadada. Sí, los auténticos villanos, por más que la explosiva mezcla de incompetencia, trapallada y uso torticero de la información por parte de la Xunta y el Gobierno haya hecho pensar a mucha gente que los villanos son quienes se han limitado a no cumplir su obligación de minimizar los efectos desastrosos de los crímenes de los villanos de verdad: todos esos mafiosos del comercio del petróleo, piratas de la tierra y de los mares, cuya obsesión por el lucro inmediato y fabuloso provocó el accidente del Prestige , y acaba de estar a punto de provocar otra catástrofe, la del Vicky , escorado ahora frente a Ostende con su carga letal de 70.000 toneladas de gasóleo. Pues bien, ha sido necesario que el chapapote haya llegado a las playas de las Landas para que alguien tan poco sospechoso de antiglobalizador como el presidente de la República Francesa nos recuerde quienes son los villanos («los gamberros del mar») en la historia del Prestige. La ministra gala de Medio Ambiente lo decía a Le Monde con esta claridad: «Cuando pienso que, mientras las costas se llenan de petróleo, el propietario del Prestige sigue bebiendo tranquilamente su ouzo, me pongo furiosa». ¿Se lo imaginan?: el gran pirata y gran cabrón , riéndose a mandíbula batiente mientras los políticos españoles se pelean entre sí y los ciudadanos españoles pagan por él su monumental desaguisado. ¿Se lo imaginan?: bebiendo a la salud de (¿cómo se dirá en ruso?) «todos esos idiotas».