Nunca digas «nunca máis»

BLANCA RIESTRA

OPINIÓN

30 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

EL PROBLEMA con lo del «nunca máis» es que es imposible. No es posible eliminar para siempre los desastres congénitos y las mansedumbres temerosas. Galicia parece que despierta pero lo hace levemente y sin olvidar su tendencia a la culpabilidad y al olvido. El gallego no cree en nadie, por eso prefiere arrimar el hombro individualmente. Pero es imposible vaciar el mar a cucharadas. Una amiga de Noia me dijo que si después de lo del Prestige seguían ganando los mismos, se iría para siempre de Galicia: «No quiero que mis hijos crezcan en un país de imbéciles». Otra amiga, Vir, de Corcubión reconoce que recoger fuel no sirve de mucho si nadie soluciona el problema principal, que es el Prestige , pero va de todas formas. La ética individual funciona entre los jóvenes. Pero no parece afectar demasiado a los políticos. Aún no se han visto dimisiones ni linchamientos. En el país vecino, José Bové hubiese llevado litros de fuel hasta los despachos de los políticos. El «nunca máis» es imposible y lo peor es que da igual que sea así. Algún día ya no quedará fuel, las rías estarán más o menos limpias. Y no pasará nada. Aunque el ecosistema tarde cien años en recuperarse por completo, aunque miles de familias de la Costa da Morte tengan que emigrar, no pasará nada. La vida seguirá, seguiremos naciendo, muriendo y comprando coches. En Palestina siguen muriendo los niños, y no pasa nada. Ya todos hemos olvidado la bomba de Hiroshima. Ya sé que Heráclito dice que todo es cambio. Otros dicen que nada cambia o que todo cambia para que nada cambie. Quizás nuestro mar ya no sea el mismo «nunca máis» y el pobre capitán griego se muera bajo rejas. Y ni siquiera eso es grave. Mientras tanto Mercedes Milá retransmite las campanadas desde Muxía. Populismo a dos duros y ni una sola solución definitiva, ni una sola dimisión. El mundo es una mezcla de esos dos impulsos contradictorios, el cambio y la fatalidad, y Galicia, desengañémonos, sigue siendo un cachalote conservador y desamparado. Nos vemos en las elecciones.