Demasiadas grietas en el hundido Prestige de nuestras calamidades, demasiadas brechas en una sociedad española que manifiesta dificultades para llegar a final de mes en el 52,8% de sus hogares, demasiadas simas abiertas en la sociedad vasca que comanda el lendakari Ibarretxe en clave soberanista (y con mucho más tesón que acierto), demasiadas quiebras de la seguridad ciudadana con escasas garantías de enmienda a corto plazo. Demasiadas hendiduras, en fin, en una nave como la nuestra que, a la vista de cómo está el mundo, parecía navegar con rumbo firme y atinado. No es cuestión de mirar en derredor y abandonarse al desánimo o al pesimismo. Pero tampoco es cuestión de resignarse a un empeoramiento de nuestra realidad sociopolítica y económica. Sería una pena inmerecida que algunas rajas o fracturas ahondasen sus proporciones por la desidia, el encono o la simple parálisis de quienes deben afrontarlas y solventarlas. Cada uno de nuestros problemas demanda una atención adecuada, prudente, concertada y enérgica. Las brechas están a la vista y tienen la faz oscura de la división intestina, pero no son irremediables. No lo son ni deben de serlo. La Política, con mayúscula, está para ello. ¡Más altura de miras!