Los mercenarios de Bush

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

29 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

EL ANUNCIO DE que se pretende sobornar a periodistas e intelectuales de todo el mundo para que hablen bien de la política actual de EE.?UU. no se sabe si mueve aun más a perplejidad que a indignación. Para los que nos consideramos amigos de la gran nación norteamericana, y nos sentimos identificados con sus ideales fundacionales, como creemos igual les pasaría a los Washington, Jefferson, o Franklin, ese aviso nos suena a una traición a la América que se inspiraba en los clásicos valores del liberalismo del espíritu, en el republicanismo político, y la filantropía masónica, y trataba de realizar los valores de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. Pero ya no es la radiante Luz de la estrella flamígera quien parece inspirar a sus dirigentes, de modo que ahora se admite el «In God we trust» porque lo dicen los dólares, en este pseudoliberalismo materialista y ecocida, que se asemeja a una póstuma y paradójica victoria del materialismo dialéctico, no en su fracasada versión comunista, felizmente derruida con el muro de Berlín, sino en esta versión desmesuradamente capitalista, en que el corcel de la codicia cabalga sin auriga que lo controle. Para difundir y aplaudir el famoso discurso de Gettysburg, durante una batalla crucial para la suerte definitiva de la guerra civil norteamericana, Abraham Lincoln no necesitó plumillas mercenarios. Pretendía que en su nación renaciera la libertad y con eso bastaba. Cuando Tocqueville glosaba la democracia en América no recibía ninguna remesa con cargo al fondo de reptiles. Tras la sospechosa elección presidencial con denuncias de manipulación en algunos estados, la clamorosa ineficiencia de los servicios secretos para prevenir los terribles atentados del 11-S, la extraña destrucción parcial del Pentágono, o el menoscabo de la libertad de opinión, sólo faltaba esta declaración para terminar de extender la inquietud entre las personas de bien de todo el mundo sobre lo que está pasando, de modo que ojalá haya pronto «un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo». pero no sólo en Irak.