COMPRENDO perfectamente que el Gran Wyoming haya preferido politizar el final de su programa Caiga quien caiga que aceptar la simpleza de que era demasiado caro. Cuando se ganan 14 millones de pesetas al mes, a razón de 3,5 (21.035 euros) por programa, conviene recurrir a subterfugios, artimañas e intrigas para evitar el fin de tan suculenta nómina. Admitir que el espacio no es rentable resulta vulgar, materialista, muy consumista y poco progresista. Es mejor recurrir a argumentos más sólidos, como el de la politización de la decisión, los poderes fácticos, la imposición dictatorial de la Moncloa, la intolerancia de la derecha, la incapacidad del PP para aceptar la crítica, el regreso de la censura y la falta de libertad de expresión. El Gran Wyoming y sus hombres de negro (Pablo Carbonell, Sergio Pazos, Mario Caballero, Javier Martín, Juanjo de la Iglesia, Tonino y Arturo Valls) se despidieron como víctimas de la presión política. Su último capítulo contó con una fila cero a la vieja usanza de la canción protesta posfranquista, entre los que pudimos ver a Víctor Manuel, Ana Belén, Santiago Segura, Imanol Uribe, María Barranco y Fernando Trueba. Todo un banquillo de peso para un final de patíbulo. Según los responsables de T5, la fórmula de CQC se ha agotado después de siete temporadas, ya que la cuota de pantalla del 19,4% hacía prácticamente imposible la rentabilidad del programa. El pago de la minuta y el coste de la producción suponían una carga para la emisora. Wyoming cobraba 21.035 euros por programa semanal, Carbonell 9.015 y el resto de reporteros superaban los 3.000. A estos salarios se añadían costes de producción elevados, ya que en ocasiones enviaban un equipo de tres personas a las antípodas para emitir menos de dos minutos. La temporada pasada Tele 5 intentó suprimir el espacio, pero el Gran Wyoming, que también es grande en orquestación, lo evitó tras hacer el suficiente ruido acusando a la cadena de falta de progresismo. Seguro que el talento de los hombres de negro encontrará pronto otra tele, probablemente pública, capaz de resistir la nómina. Será con pólvora del rey y a todos nos pondrán las gafas para seguir cegatos.