Navidad

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

NO llega con que tengamos unas navidades de fuel, navidades muy negras, nada blancas. La gente pone la musiquilla importada de siempre y te abruma con sus sonrisas, sus abrazos y sus deseos. ¿Qué querrá decir que un tipo que en todo el año no te dice ni hola en estas fechas se detenga, te dé un abrazo y te desee salud? A mí me da muy mala espina. Me entran ganas de ir al médico. ¿Qué pasa que el resto del año está deseando que te mueras de un cáncer? No sé, no sé. En estas fechas, siempre el mismo show cutre. A la gente se le pone cara de cartera, acaban consumidos de tanto consumismo. Como borreguillos a las colas, la mayoría se deja lo que no tiene en las cajas registradoras. Cierto es que los niños disfrutan, pero los niños son los reyes del egoísmo. No conviene desilusionarlos, porque tiempo tendrán a vivir en este mundo de lobos. Aun así, exageramos la nota con tanto deseo de ser estupendos que luego no practicamos el resto del año. Lo único real de la Navidad es lo del villancico, beben y beben los peces en el río. Me refiero a cómo beben y beben los hombres en Navidad, un río de alcohol, vamos. Está dicho. Me parece que este año aún tiene menos sentido todo con nuestras costas de luto tan riguroso y prolongado. cesar.casal@lavoz.es