EL PRESIDENTE Aznar ha tardado un mes en viajar clandestinamente a Galicia porque no quería venir a hacerse la foto sin traer soluciones. A hacerse la foto vinieron en Rey y el Príncipe de Asturias; Zapatero y Llamazares, según él. Aznar no quiso retratarse con el chapapote, con los marineros, ni con los voluntarios. Aznar sólo quiere fotos con George W. Bush. Al presidente español no le gustan las cuestiones domésticas, ni aunque supongan grandes catástrofes. Le apasiona la política mundial, la macroeconomía, el «Eje del Mal», la lucha contra la recesión económica mundial, la nueva Europa y el Irak de post Sadam. Le apasionan sus encuentros con Bush, Blair, Chirac, Berlusconi y Schröder. No soporta a Zapatero, ni a Llamazares, ni a Beiras. Porque no gusta de cuestiones menores. A los grandes líderes mundiales suele ocurrirles eso. Quienes conocemos la valentía y prontitud con la que Aznar acostumbra a afrontar los problemas, y lo acabamos de ver en la agilidad con la que reaccionó ante la catástrofe del Prestige , no tenemos la menor duda de que el presidente español habrá aprovechado su encuentro con Bush para expresarse con la misma contundencia y claridad con la que lo viene haciendo en los últimos días. Y le habrá planteado, sin duda, su férrea oposición a la autorización a la CIA para asesinar terroristas, él que tanto se significó contra los GAL. Su malestar por el ridículo de la Armada en Yemen y por la ausencia de solidaridad en la catástrofe del Prestige , muy desigual a la que él le prestó el 11-S. A ningún español de bien le cabe la menor duda. Aznar presume de ser un gobernante vigoroso. Aunque a Galicia viniera un mes tarde. Y lo hiciera furtivamente. A Washington viajó con más urgencia. Pero no para hacerse la foto. No. Para hablar de cuestiones mundiales. Mientras Galicia languidece. Eso es un líder.