A LOS marineros de Arousa que mostraron el camino. A los de Córdoba y Canadá, por ejemplo. Al japonés que aprendía castellano y que ahora ya sabe lo que es una marea negra. A los manos limpias que se encargan hasta de rascar la cara de los voluntarios cuando ya no pueden más. A las mariscadoras, que cambian el raño por los fogones. A los parados, a esos que el Estado obliga a pasar los lunes al sol y que deciden pasarlos bajo la lluvia de Galicia y con fuel hasta las cejas. A todos los que hacen cadenas humanas para subir el chapapote desde la arena hasta el contenedor. A los que pican el lodo negro, pegajoso, imposible, del jalipote. A los que ponen sus barcos para frenar el luto del mar. A los que hacen bocadillos y a los que se los comen para recuperar fuerzas. A los que ponen la muñeira traviesa de las gaitas cuando la noche manda parar. A todos los que cambian sus días libres para intentar arreglar la faena de nuestros políticos. Menos mal que el ser humano siempre es uno en la desgracia. P.D: Cada vez más los voluntarios hacen lo que el Estado deja de hacer. Viendo el espectáculo de los milicianos de blanco que terminan negros hasta el alma, uno se pregunta ¿qué hacen con nuestros impuestos?