Con toda perplejidad

OPINIÓN

11 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

CUANDO ESCRIBO estas notas, la tercera marea negra avanza hacia las rías de Vigo y Pontevedra. El viento ha vuelto a jugar una mala pasada. ¿Quién se puede sorprender? Los vientos cambian de dirección. Los vientos, por tanto, algún día iban a soplar de poniente e iban a arrastrar hacia tierra aquellos «hilos que parecían plastilina». ¿Quién se puede sorprender?, insisto. El chapapote está sobre las aguas, nadie lo ha podido recoger, y sólo necesita que le empujen para traer su nueva dosis de desgracia. Creo que hay barcos capaces de sorber esa mierda, pero no los he visto. Unas veces, porque el temporal no les deja trabajar. Otras, porque no me los enseñan. Empiezan a ser para mí barcos-fantasma. Mañana se cumple un mes del accidente. Y no se ha resuelto nada. Sólo han funcionado las ayudas económicas. Pero ni hay perspectivas de solución, ni los medios técnicos se están demostrando eficaces, ni hemos visto un vuelco de las administraciones hacia unas zonas angustiadas. Se han enviado siete mil efectivos del Ejército, sí; pero el grueso ha llegado tarde, aunque el presidente los haya visto desde «el primer día». El Comité Científico hace quinielas sobre los meses que tardará en consumarse el vertido, como cualquier alumno de Primaria. Y encima, el ambiente político está podrido y el señor Aznar sigue cometiendo el error de llamar oportunista a la oposición y de negarle el encuentro pedido. Pero la tercera marea negra está llegando. Otro mazazo. Otro golpe de muerte. Yo sólo pregunto, desde la perplejidad, si no hay forma humana de contener ese fuel. En un mes, en todo un mes, ¿no fue posible acopiar medios para evitar esta nueva tragedia? Desde la desolación, envío a la mierda a todos los científicos, a todos los administradores, a todos los técnicos que siguen mirando la dirección del viento por toda solución. En la Edad Media no estaban peor. Pero no tenían barcos-basura .