Retornando al pasado

PEDRO ARIAS VEIRA

OPINIÓN

BLANCO

DESPUÉS DE tres semanas compitiendo a desatinos, los dirigentes del PP comienzan a virar. Rectificar es de sabios, y don Manuel ha sido el primero. El patrón ha recuperado algo del olfato perdido: aprueba la comisión de investigación en el Parlamento gallego, pide disculpas por los posibles errores y cambia el chip de la política de comunicación. No será suficiente para compensar la ocasión perdida. Dejó escapar la oportunidad churchilliana del 13 de noviembre, la de compartir petróleo, sudor y lágrimas con su pueblo en el momento de la agresión. Ahora sus gestos no podrán soslayar la sospecha de cálculo político. Tampoco los de Rajoy. Parece que el desvarío retórico es el mal pontevedrés. No escarmentó en la cabeza ajena de Sancho Rof, el del bichito de la colza, y empecinado en la minimización de la catástrofe ecológica adelgazó los amenazantes vertidos del fuel con la metáfora del hilito . También está en proceso de rectificación. Sin embargo, la autocrítica parece que no toca en la agenda de Aznar. El presidente cree que su reino no traspasa el Telón del Grelo, está más preocupado por las justas con el líder de la oposición que por los sentimientos de sus súbditos en la reserva electoral de Finisterre. Ni Ana Botella ha conseguido trasmitirle la necesaria inteligencia emocional para hacerle venir a Galicia a compartir la angustia con un pueblo que le dio los mejores resultados electorales que haya alcanzado nunca un partido y un dirigente político en esta tierra. Claro que Ana anda ocupada ahora por su futuro político en la capital y lógicamente está baja de reflejos sentimentales. Pero como las desgracias nunca llegan solas, ahora parece que se suma la oposición para cometer sus propios errores. Supieron detectar el vacío de poder y el ridículo de sus adversarios, pero están dando inquietantes signos de impaciencia para volver al gobierno. La concentración del domingo fue un gran éxito suyo, pero quieren pasar aceleradamente de la conquista de posiciones a la guerra de movimientos. Tanto PSOE como BNG ven al actual PP como a la vieja UCD de la Transición. Tambaleante y en descomposición, al que sólo falta el toque de una sesión parlamentaria de censura para que se desplome. La nostalgia del pasado se aprecia también en la propia selección de la imaginería de la catástrofe. Los marineros vuelven a ser los de antes, precapitalistas, en chalupa, sacando el fuel a mano o con cuchara. Es su verdadera Galicia, no la de los grandes arrastreros, ni de la flota congeladora, ni la industrial. También se desempolvan añejas tácticas del pasado. Retornan los intelectuales abajo firmantes, compañeros de viaje y fareros de la auténtica opinión pública. Y hasta los sindicatos anclan la directa de una huelga contra el sentido común, en vez de suscitar el consenso social vía el Consejo Económico y Social. Ya constató Simone Signoret que «la nostalgia no es lo que era». La edad de la inocencia se ha terminado. Humildad y sentidiño . La tragedia del Prestige es un suceso de calado internacional, y una agresión no provocada. Hay que reconducir las contiendas electorales, personales, de estatus, poder y prestigio, al plano interno y a su momento debido. Que es todos los días y a todas horas. Con la excepción de los tiempos de desgracia común. Entonces los dirigentes tienen que ponerse el buzo y la mascarilla del pueblo, sin descuidar la acción en los frentes de poder decisivos. Y la oposición tiene que arrimar el hombro, franco y eficaz, aplazando la legítima batalla electoral. Aprendamos del pasado. Parecemos la España retratada por Goya en La lucha a garrotazos . Así nos fue en el pasado. La ambición y el rencor generan miseria. Si no podemos ser unitarios, seamos al menos pragmáticos.