Esperanza

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

06 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

SE preguntaba Unamuno si los gallegos no llevaríamos en el alma cierta pesadumbre de una civilización muerta y enterrada, y si esto no explicaría los rasgos distintivos de nuestro carácter enigmático y misterioso. En esto mismo pensaba yo de regreso de Albacete por una estepa castellana que, aún titulándose La Mancha, tiene la fortuna de no ser manchada por la banda de los Prestiges (casi 20.000) sin ley ni orden. La respuesta me llegó pronto. Si Unamuno hubiera visto el vigor y la tenacidad con que unos marineros inasequibles al desaliento se están enfrentando a la marea negra con lo poco que tienen a mano, dejaría de escudriñar enigmas, para admirar la recia planta de un pueblo zarandeado, pero no rendido, ni ante el chapapote ni ante la historia. Unos ciudadanos que no se resignan a ser los olvidados del Estado de Bienestar. La movilización de este pueblo herido en sus costas queda muy lejos da la pasividad ante la tragedia que tantas veces se nos ha atribuido. Ni siquiera es necesario pegar la oreja para oír el clamor popular que expresa el dolor por la negra afrenta del fuel pero también la rabiosa determinación de que la adversidad será vencida, para no repetirse jamás. ¡Y el que defraude estas expectativas que se prepare!