Zapatero pide un aplazamiento de su declaración por la «complejidad» del sumario
LA DOCTRINA oficial es ésta: en una situación de catástrofe como la que vive Galicia, la oposición debe dejar de ser oposición y ponerse del lado del Gobierno, «sea del color que sea». Es decir, debe darle al Ejecutivo un cheque en blanco y dejarle hacer a su manera, cualquiera que sea el resultado. Lo hemos escuchado ayer. También se ha acusado al PSOE de no ser patriota, dado que anda por ahí criticando al Gabinete. Lo menos que pueden oír como respuesta es que, una vez más, este equipo trata de monopolizar el patriotismo. Hoy, supongo que podremos escuchar en el Congreso frases parecidas del vicepresidente Rajoy, que tendrá que debatir la marea negra con Rodríguez Zapatero. Como los ministros sigan en esa línea de satisfacción, de negación del papel de la oposición y no aceptación de la crítica, se encontrarán con una insospechada pérdida de crédito y con el menosprecio de los ciudadanos que sufren directamente la tragedia. «No estamos ante un tema fácil», dijo ayer Rajoy. Pero una cosa es la dificultad objetiva de controlar una marea negra y otra distinta hablar y actuar como si la hubieran controlado, y el resto de los mortales fuésemos unos enemigos públicos que echamos cahapapote sobre los limpios tejados de la Xunta y La Moncloa. La realidad objetiva, al margen de todo partidismo, es que no hubo ni hay reflejos para evitar la extensión de la catástrofe. Asombra ver cómo Portugal se dispone a atajar la marea con sus Fuerzas Armadas y redes de contención, mientras este periódico publica una patética foto de dos pescadores tratando de hacerse con una mancha de chapapote sin más medios que sus manos. Eso sólo tiene un nombre: ineficacia. Que se quiera revestir con mantos de patriotismo parece una provocación al sentido común. Y que Aznar sólo conteste con una carta a Zapatero indica que la sensibilidad se ha marchitado en los jardines del poder. Otros le llaman soberbia.