PACO SÁNCHEZ
03 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.LA MAYOR parte de las palabras nuevas del castellano, como en cualquier otro idioma, se refieren a invenciones técnicas. Rara vez aparece una que realmente valga la pena por sí misma. Por eso, cuando ocurre, lo disfruto mucho. Celebré una enormidad, por ejemplo, la invención del verbo cabezonear , adquirido para la humanidad por alguien bastante cercano. Y pensé que estaba en las mismas cuando otro amigo conjugó el verbo negrear : «Te negrearon», dijo. Sin embargo esta vez nadie estaba inventando nada: la palabra viene en el Diccionario de la Real Academia, y es asombroso que se ajuste en casi todas sus acepciones a nuestra actual situación de calafateados. Vean, negrear , además de «mostrar color negro o negruzco» y «ennegrecerse, tirar a negro», signfica «menospreciar» y «explotar, utilizar abusivamente a un trabajador». No quiero jugar a las palabras, sino decir algo que me parece grave y urgente: si es verdad que algunos piensan y dicen que con el Prestige nos ha tocado la lotería en forma de un reguero de euros que ahorra en adelante los madrugones; si a cambio de trabajo y dignidad aceptamos sólo dinero, un entorno degradado y aburrimiento en las tabernas, entonces sí. Entonces... nos han negreado.