UN PETROLERO pirata, fletado por empresas de dudosa reputación, con paraíso fiscal por bandera, viejo y mal equipado, escupe su envenenada carga el 13 de noviembre sobre A Costa da Morte. No era el primero, «os aldraxes» contaminantes contra Galicia se suceden en el ciclo de la impunidad contra el débil. Los gobernantes del pasado no habían extraído las lecciones de la experiencia. Tampoco Europa. La política obedece a las estrategias de lo aparente, a la percepción inmediata, y sigue a la presión organizada. El mar ruge pero no vota y los marineros, dispersos y curtidos, solo juegan la carta de la supervivencia. Siempre esperan una crónica negra. La reacción humana natural de los políticos sería la de compartir la desgracia con los ciudadanos. Darles calor y ánimo; reconocer con humildad las imprevisiones y explicar lo que a pesar de todo se estaba intentando. Todos sabíamos que se trataba de una actitud de procurar el mal menor. Lo esencial era la sinceridad, no la suficiencia ni la frialdad protocolaria. Y mucho menos la acumulación de incompetencias. Pero todos se pusieron nerviosos. La sombra de Centroeuropa es alargada. Con el reciente antecedente de una catástrofe como la alemana en la que el canciller Schröder ganó al aspirante Stoiber simplemente por la forma de atender los daños materiales y morales del drama, todos vieron en el Prestige el desafío de una auténtica campaña electoral anticipada. Pero la enfocaron en clave surrealista. La primera sorpresa fue la actitud de Fraga. Nunca había dado una espantada tan sonora como en el caso del Prestige . Va contra lo más característico de su propia biografía. Algo pasó para que se desdijera a sí mismo de manera tan flagrante. Si se debió a un desacuerdo intrapartido o a una estrategia personal utilizando sus contactos con el petrolero gallego Fernández Tapias, es lo de menos. Lo esencial es que perdió su instinto más característico, el del «zapatones» que está donde se tiene que estar y dispuesto a mojarse. No fue suplido por Aznar -que olvidó a Churchill tras la boda de su hija- ni por los pesos pesados del PP. Rajoy tardó y su actitud no ha sido la de quien comparte el dolor del pueblo. Ante las carencias oficiales, Touriño y Zapatero pensaron que con el crudo llegaba la señal propicia para impulsar su alternativa, una oportunidad de oro. El gallego planteó una moción de censura contra natura y el leonés una propuesta de Xacobeo secularizado o una especie de Plan Marshall a la española. El imaginario político siempre ve a Galicia como un pobre país de misión. Por su parte Beiras escenificó la ruptura del sorprende pacto del Hórreo con Fraga, alarmado por quedarse sin el hipotético trozo de tarta electoral vertida por la marea negra. Apoyaba a D. Manuel en los asuntos de estado por el bien de Galicia. Pero un simple fallo de protocolo, la ausencia de una llamada fraternal rompió el hechizo. Ahora Fraga vuelve a ser la causa de los males de Galicia. Y Beiras abandona las fructíferas comidas con el presidente y retorna a la calle para destronarle. Entre las incompetencias institucionales y los oportunismos de la oposición, también salieron bastantes supuestos expertos que vieron en el caso Prestige la oportunidad de mostrar su sapiencia infrautilizada. Desde el que sería capaz de traerlo al pantalán de Repsol en el puerto coruñés, incluso con nocturnidad, al experto en trasvasar el fuel en medio de la tormenta. Hubo quien se apuntó al bombardeo, el crítico fácil con la trayectoria del remolque y el asesor a distancia que lo sabía todo. ¿Que hicimos los gallegos para merecer esto? Somos un pueblo trabajador, decente, y sensato. Es urgente que nuestros representantes y medios profesionales recobren la cordura. Que el drama del Prestige no convierta a la sociedad gallega en un barco de locos. La ambición es más peligrosa que la contaminación. Minimicemos sus efectos, atendamos a los afectados, hagamos útil la solidaridad de los voluntarios y trabajemos el futuro con seriedad y valentía contra las causas de la catástrofe. Y por favor, que no se pierda el sentido del ridículo.