PENSÉ en dedicar estas líneas a algún tema de actualidad que no fuese el maldito Prestige , pero cuando un ogro de fuel vomita una catástrofe sobre nuestra costa cualquier otro asunto parece una frivolidad. La situación no consiente una ironía sino que demanda un análisis pormenorizado y una crítica seria, sobre todo ahora que hasta los propios percebes han tomado conciencia de que esto no puede repetirse nunca más. Galicia no puede aparecer como una esquela de luto, con sus bordes marítimos ennegrecidos por el fuel derramado. Rotundamente no. Que se vayan los buques basura con sus miles de toneladas de crudo a dar la vuelta por el ancho Océano y que dejen de desfilar por el patio de nuestra casa como si fuésemos ciudadanos de una sociedad indefensa. La decisión franco-española de controlar, inspeccionar y expulsar de las aguas de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) a los barcos que con más de 15 años que transporten mercancías peligrosas y tengan sólo un casco, me parece lo más positivo de estos días de contradicciones, caos, silencios, demagogias y desastre. Es una forma nueva de afrontar la negra sombra de la tragedia y encarar el futuro sin la odiosa resignación de siempre. ¡A ver si es verdad!