PARECE MENTIRA, pero ahora todo depende del viento. Estamos en sus manos, de su dirección, de su capricho. Tantos años de historia y de autonomía para volver a Eolo. Rezamos para que siga reinando Noto, el viento del Sur, pero nadie nos garantiza que no se cabree Céfiro, que viene del Oeste, y también las Rías Bajas se impregnen de chapapote. Los gallegos nos estamos sumiendo en el fatalismo del viento, que es ya una pesadilla. Preguntado Picasso, ya anciano, qué recordaba de su vida en A Coruña, parece que dijo: «El viento, el viento...». Recordaría quizá cómo soplaba Bóreas, eterno viento del Norte, entre Paio Gómez, donde vivía, y la Escuela de Artes y Oficios, en el Instituto Eusebio da Guarda. Pero parece que ahora amenaza con soplar del Oeste, lo que agravaría el desastre. Lo más preocupante es que semeja que Ulises no está ya para garantizar que los marineros de su tripulación no abran el saco de cuero que encierra todos los vientos que pueden descalabrar su nave y la nuestra.