Negruras y mares

OPINIÓN

22 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

HABLABA hace unos días Ramón Villares en la tertulia de Radio Voz del monstruo herido y peregrinante. Se refería al Prestige y, la verdad, me pareció una buena metáfora. Entonces aún andaba por la superficie, trazando un borrón de tinta china frente a nuestras costas. Me gustaría saber por qué lo sacaron primero hacia el norte (o sea, apuntando hacia Gran Bretaña y Francia) y luego hacia el sur (o sea, hacia Portugal). Ahora el monstruo herido está ya en el fondo, quizá a punto de abortar su carga de negruras sobre no se sabe qué riberas gallegas. Cuando no se reconoce un problema, las cosas suelen terminar así: sin la seguridad de que lo peor haya pasado. Es muy humana la tentación de remolcar los líos hasta la periferia de las aguas jurisdiccionales. En general, la de empujarlos hacia cualquier periferia de la propia responsabilidad. Pero ocurre siempre lo mismo: que la frontera, por alguna razón, nunca llega; que jamás terminas de desprenderte del monstruo. Y mientras, la bestia sigue vomitando. Al principio, parece que la suciedad no la ve nadie, que nadie percibirá el horrendo trazo negro. Luego lo ve un satélite: y remite a tierra una mancha con más perímetro que la propia Galicia. Lo empieza a ver todo el mundo. Y a alarmarse. Ya digo, es siempre lo mismo. Y para cuando se hace patente lo que pensábamos que nadie vería, resulta que ya ha pringado un montón de cosas, comenzando por aquello que más amamos. Aquello que considerábamos intocable. Cuando esto ocurre, el error inicial no reconocido se vuelve simplemente incontrolable: quedamos a merced del lío y de sus manchas. Entonces ya casi ni siquiera sirve de mucho entonar un mea culpa , porque ya está hecho el daño, no se puede frenar. Pero aun así hay que reconocer el error y llamarlo por su nombre. Porque si no, la catástrofe se torna irreversible y quedamos para siempre sumidos en el miedo. Si no se ha sido valiente al principio, cabe aún una valentía final y más difícil: la de pedir perdón y poner los medios para evitar que se repita. Como hasta ahora.