Oran para que funcione el Plan Labora

| ARTURO LEZCANO |

OPINIÓN

16 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTA SECCIÓN va por rachas, como casi todo en la vida. No es de extrañar, por consiguiente, que algunas semanas parezca caerse de las manos y otras levante el ánimo o suscite general interés. Sobre todo cuando toca algunos de los problemas más comunes y sin solución año tras año. Dos personas, dos mujeres de A Coruña, arremeten sin tapujos contra el Plan Labora. « (...) Llega el tan esperado Plan Labora, cómo se me llena la boca con este nombre, se me saltan las lágrimas con sólo mentar su nombre, en mayo empecé a recibir cartas por si me quería apuntar al plan, les contesté ese mismo día que sí, otra carta de confirmación de si mis datos estaban correctos en la base de datos, les dije que sí, otra carta que en breve recibiría una carta confirmándome mi plena incorporación al plan, así hasta cinco inútiles cartas, a cada cual con más retintín, parecía que me querían hacer desistir. En septiembre se le adjudicó la partida presupuestaria para ponerlo en marcha, mil millones (...) pero en esos mil millones luego se metieron a las mujeres maltratadas y a los minusválidos y el pastel se iba haciendo más pequeño, yo no tengo nada contra ese sector, pero el plan se había creado con un fin y ese fin se estaba alterando visiblemente (...)». Hasta aquí el fondo de la cuestión expuesto por la primera comunicante. Al Plan Labora pueden acogerse quienes tienen menos de 30 años, con seis meses de antigüedad en el paro y menos de 180 días cotizados. La corresponsal aludida añade que « (...) luego el pastel se vio ostensiblemente rebajado por las últimas informaciones vertidas por el Partido Socialista de la provincia de Ourense en el que se decía que pepeístas ourensanos se servían del Plan Labora para contratar a familiares directos (...)». Esta joven, con estudios superiores y varios cursillos del paro y de informática « (...) y muchos días en el paro, muchos, muchos, muchísimos (...)» vive con sus padres, para quienes, a cambio de comida y un techo, hace las tareas domésticas en el más amplio sentido, incluyendo el cuidado de sus abuelos, « (...) y todo eso por una asignación semanal de 15 euros (...)», y a la vez prepara oposiciones. El caso es que, ya harta, se dirige a la oficina del Inem para ver en qué puesto de la lista está y cómo se gestionan las ofertas. «Un hombrecito» le contesta que una vez que llega una oferta a la oficina se introduce en su «herramienta de trabajo» y mediante « (...) unos criterios secretísimos, que sólo saben los del personal de Santiago, éste le ofrece aleatoriamente seis nombres que son enviados a la respectiva Administración, de la cual partía la oferta (...)». « (...) ¿Dónde está la publicidad que tendría que reinar en la Administración como así lo recogen las leyes? ¿Se manipulan esos criterios al capricho de una mano oscura según la oferta, para encajar en una persona en particular con nombres y apellidos? (...)», se pregunta. La otra muchacha, más sucinta en su exposición, abunda en lo mismo. ¿Cómo puede enterarse un hipotético beneficiario del Plan Labora de si existe una oferta para ella? ¿Por qué no se le comunican con regularidad el estado del programa y las expectativas del empleo? La Administración tiene doctores que sabrán responder.