ESTAMOS en uno de los palacios que ahora pretenden investigar los inspectores de armas de las Naciones Unidas. El suelo es de mármol y la grifería de oro. Aparece Sadam, que aparenta enorme con su gorro de astracán y su abrigo de piel vuelta pese a que no hace frío: su mirada es dura, hieráticos sus gestos. Está delante de mí el hombre que trata de compararse con Saladino, el caudillo árabe que trajo en jaque a los cruzados que pretendían tomar Jerusalén. Es un hombre que llegó a pensar, cuatro mil años después de Babilonia, que era posible construir un poder cuya cúspide llegara hasta el cielo. Por eso cometió dos graves errores: el primero, invadir la República Islámica de Irán (con el apoyo de Occidente) con la esperanza de poder sustituir a su anterior antagonista, el Sha, en el papel de gendarme del Golfo; el segundo, invadir Kuwait e iniciar así una de las guerras más inútiles e insensatas de nuestro tiempo, pese a que ambiciaba una salida al mar y quedarse con un notable botín petrolífero. Esto ocurría hace 11 años; estamos solos con el traductor de árabe. Me dice: «En Irak tenemos una leyenda que dice que para ser el líder más fuerte e importante del mundo hay que conquistar Babilonia. A lo largo de la historia, todos los jefes militares más agresivos lo intentaron. Ahora, Bush (se refería al padre), para confirmar su supremacía en el mundo, quiere hacer lo mismo. Pero nosotros sabemos que Babilonia sólo se conquistó mediante la traición y el engaño». En aquella entrevista, dijo que atacaría a Israel participara o no en la guerra; como es sabido, al día siguiente de su emisión, empezaron a distribuirse masivamente máscaras antigás y se enviaron misiles Scud a territorio israelí. Pero después se hizo una pregunta que respondió: «¿Qué es lo que pretenden Estados Unidos e Israel y qué intereses los unen? El declive de la URSS -prosiguió- ha convertido a Estados Unidos en la única superpotencia. Los norteamericanos creen que para mantener su supremacía necesitan controlar el petróleo de Oriente Medio de tal forma que puedan seguir ejerciendo su influencia sobre Europa y Japón y probablemente sobre Rusia en el futuro. Israel, por su parte, pretende seguir con su política expansionista. El aspecto más importante de dicha política es la intención de absorber a 5 millones de nuevos emigrantes en la entidad que llaman Estado de Israel. La presencia de estos 5 millones de emigrantes que se tienen que añadir a la población actual sólo es posible a costa de los árabes y mediante la expansión territorial. Ahí convergen la política hegemónica de Estados Unidos con la estrategia israelí de expansión según el conocido lema Del Nilo al Éufrates ». Once años después de oír en persona estas reflexiones, está claro que Sadam Husein no habrá cambiado sus puntos de vista. Es decir, que sabe que haga lo que haga, va a ser atacado de nuevo. Por aquel entonces nadie pudo entender por qué Bush padre no llegó hasta el corazón de Bagdad y destronó a Sadam. Dos son las explicaciones: una, porque es difícil aglutinar a Irak dividido en 3 etnias principales y el no tener recambio de líder sólo complicaría la situación en el país; la segunda, porque una posible democratización de Irak llevaría la inestabilidad a todas las monarquías absolutistas de la zona (incluida Arabia Saudí) dado que sus opiniones públicas, o sea, la calle, discrepa de las decisiones de sus riquísimos dirigentes. Ahora, sin embargo, Estados Unidos considera que los mismos que apoyan a Sadam se volverán contra él, que no se puede mantener por más tiempo a un enemigo en una parte tan sensible del planeta y que hay que dar ejemplo en uno de los países situados en el eje del mal . Se va a cumplir el requisito, pero los investigadores de armas alegarán dificultades y ya está. Objetivo, Babilonia. Lo que para Bush supone reforzar su liderazgo mundial. Está escrito.