Actos de Dios

JOSÉ ANTONIO BUSTABAD

OPINIÓN

13 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

EL TEMPORAL extraordinariamente duro que estamos experimentando en Galicia vuelve a llevarnos al debate sobre la seguridad del tráfico marítimo. Un petrolero a la deriva a la altura de Fisterra, con 77.000 toneladas de fuelóleo a bordo, dispara las alarmas de catástrofe ecológica, ya que no, por fortuna, de drama humano. Por elevados que sean los costes de estos sucesos, y aun a riesgo de parecer fatalista, he de decir que en estas condiciones meteorológicas extremas, el cumplimiento de los requisitos más rigurosos de seguridad no es garantía suficiente contra siniestros como el que estamos viviendo. Este viento del Oeste, que llega de través a la dirección normal del tráfico, combinado con la fuerza de las olas, genera golpes de mar de una violencia incontenible. No es la primera vez ni será la última en que, en estas condiciones, un golpe de mar hunde una plancha de un buque. Y aunque a estas horas no podemos hacer más que especulaciones, sabemos que la pérdida de control y de flotabilidad del petrolero puede deberse a una flexión extraña o esfuerzo anormal del casco, o bien a una rotura interior que haya alterado la distribución de la carga. Si, como decían las primeras noticias, el buque escoró sin perder carga, es señal de que algún tanque se le ha llenado de agua, o también de que la rotura de un mamparo interior ha desviado la carga de los tanques centrales a los laterales. El mercante en cuestión navega bajo bandera de conveniencia y por tanto desconocemos sus cualidades de seguridad. Pero, reitero; puede darse la paradoja de que se trate de un barco segurísimo. Con la mala mar que hay, podríamos ver partirse en dos barcos recién construidos, con doble casco, de última tecnología... Si la mar sigue siendo la mar, averías las va a haber siempre; cuando uno se enfrenta a las fuerzas de la naturaleza no hay seguridad total. Actos de Dios , se llama en términos del derecho marítimo internacional a los sucesos debidos a las fuerzas desatadas de la naturaleza. Contra ellos poco podemos hacer, más que salvar las vidas y tomar medidas preventivas frente al posible vertido de la carga a la costa.