Los tanteos del Islam

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

06 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

BIEN MIRADO o con los mejores ojos, el hoyatoleslam Mohamed Jatamí no tiene tan mala pinta como la sombra del régimen que preside y del que procura, al parecer, su adecentamiento y reforma. La sombra de ese régimen asentado con las mínimas fisuras en Irán, la antigua Persia, es el líder espiritual, ayatolá Alí Jamenei, y ambos, éste y aquél, constituyen una peculiar ecuación del llamado «islamismo democrático». Es una ecuación que busca el camino de convertirse en fórmula, cosa que no estaría nada mal. Mejor dicho, estaría muy bien, pues sería la exhibición de un resultado espectacular. Que una teocracia -cual es la expresión política del islamismo- resulte democrática parece algo tan lejano de lo posible como que una dictadura, tiranía o despotismo, asuma la democracia. Pero cuanto más decrece la posibilidad de que algo así se produzca, más se acrecienta la posibilidad de que tenga lugar el milagro. Los caminos del Señor -sea cual sea el nombre con el que se le adore- son tan inescrutables como corresponde, y nunca cierran las puertas sin abrir una ventana, el hueco prometedor y estimulante de la fe y de la esperanza. La caridad es otra cosa. En Irán se practican lapidaciones, amputaciones y ejecuciones, o tal es la idea que tenemos de lo que es la aplicación de la ley islámica. Claro que puede ser una idea errónea o no del todo acertada, si lo que dijo Jatamí en Madrid es cierto. Y lo que dijo es que el islamismo iraní dejó hace tiempo de amputar extremidades pecaminosas y de lapidar seres humanos culpables. Puede que sus palabras sean ciertas e incluso, si no lo fueran, cabría interpretarlas como la expresión de una voluntad demócrata en los aledaños de una espiritualidad magnánima. Los políticos suelen hablar de la realidad según la quisieran bajo el designio de sus mejores intenciones, y el espíritu no siempre desdeña la gimnasia. La cosa adquiere un peor aspecto en el terreno de las ejecuciones, y a ese respecto Jatamí dijo que los juristas de su país discuten si deben ser o no ser públicas para disuadir el crimen. Es decir, que discuten sobre la ejemplaridad y el efecto disuasorio del espectáculo, no sobre el argumento de la obra. Pero, en realidad, a quien le toca considerar ese argumento es al legislador. Los legisladores son uno de los poderes sobre los que se asienta la democracia, y al hablar de los poderes en Irán, de su poder como presidente y del poder del ayatolá Jamenei como líder religioso, Jatamí dijo algo que tiene su miga: «En Irán no hay dualidad de poderes, sino diversidad de opiniones». Las opiniones son imprescindibles en una democracia, y cruciales en un país como Irán, donde se intenta combinar democracia con islamismo . Lo espinoso es que toda religión entraña una ideología en la que las opiniones, transcendidas en creencias, definen el pecado y su condena. El pecado es el delito, mientras que las opiniones no delinquen en democracia. A menos de una semana de la visita de Jatamí, un partido islámico moderado ha ganado las elecciones en Turquía, lanzando al vacío todo un establecimiento político vigente desde los días de Ataturk. De modo que la OTAN tiene al Islam dentro, y la Unión Europea haría bien en no dejarlo fuera o demasiado lejos. Grecia ha sido el primer país en felicitar al Partido turco de la Justicia y el Desarrollo. Y Atenas será la primera capital que visite su líder, Recep Tayyip Erdogan. La política internacional hace tiempo que dejó de ser aburrida.