La «tercera vía» de Lula

RAMÓN CHAO

OPINIÓN

02 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

¿QUIÉN CREEN ustedes que más efusivamente felicitó a Lula después de su clamorosa elección? Me dirán que Hugo Chávez y no van descaminados, pero, bien mirado, lo superó Horts Kohler, director general del FMI: «Los resultados electorales son una muestra, nueva y vibrante, de la democracia en Brasil. Esperamos que en los meses venideros trabajemos estrechamente con el presidente electo Da Silva y con su Gobierno para crear las condiciones necesarias que lleven a un crecimiento duradero de su país». En cuando al venezolano Hugo Chávez, el ecuatoriano Álvaro Noboa y otros dirigentes de su continente más o menos izquierdistas, Lula se guarda mucho de responderles con el mismo entusiasmo que ellos manifestaron. Al contrario, no se cansa de señalar las diferencias que existen entre los regímenes populistas y la experiencia brasileña. Sabe que su victoria ocurre en plena crisis económica y financiera, que Washington y el FMI vigilan, y no sería prudente provocar sus iras para orientarse hacia una país más decente y solidario. Lula ha de medir sus amistades y sus palabras. El FMI se comprometió a prestar a Brasil 30.400 millones de dólares, de los cuales sólo depositó la quinta parte en espera de conocer el camino que va a emprender el nuevo equipo de Brasilia. Este duda entre proseguir la estrategia económica de rigor financiero del antiguo presidente Cardoso o liberarse de sus compromisos exteriores para iniciar un relanzamiento independiente, incluso solicitando una moratoria de la deuda pública y externa. En este caso, la crisis argentina sirve de ejemplo y Lula no ignora lo que le puede suceder: su economía es deficitaria, tanto comercial como financieramente y la deuda externa alcanza 204.000 millones de dólares. Para salir de este callejón puede ocurrírsele -y en estudio está- el camino de la tercera vía : para conciliar la solidaridad con el desarrollo, la protección de los pobres con la apertura de fronteras, aceptar el ultraliberalismo sin abandonar una cierta socialización y sin caer en el proteccionismo, sólo le queda a Brasil hacerse europeo. Ahora, con un partido en el poder que abandonó los principios marxistas de su creación, parece responder a esas premisas. Es lo que esperan los países menos reaccionarios de este lado, como Alemania y Francia. ¿Por qué no se ampliaría Europa del otro lado del Atlántico? Brasil posee un peso internacional. Ya con Cardoso pretendía compensar la hegemonía de EE.?UU. en el Acuerdo de Libre Comercio Norteamericano. Compensar no significa oponerse, sino ser lo bastante importante como para exigir un proyecto de integración digno. Cardoso ha sido el único presidente latinoamericano capaz de crear un bloque con países reformistas en ese sentido, sin buscar alianzas en su hemisferio, y sobre todo tratando de no irritar a los amos de la porra. Se comprende la prudencia de Lula. Tal vez sólo pueda seguir en esa dirección, mejorando la vida de los humildes. Todo esto es compatible con la estrategia europea -repito, de los dos países más importantes-: ni el antiamericanismo radical de los años 60-70 ni el neoliberalismo inhumano del siguiente decenio, sino una tercera vía en compañía de la Unión Europea y alejada del resto del nuevo continente.