Catorce milenios

J. J. MORALEJO

OPINIÓN

01 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

CATORCE MILENIOS, siete hacia atrás y otros siete por delante, y sin excluir prórroga, de Pueblo Vasco es lo que Ibarretxe sabe y alega para el ejercicio de un derecho indiscutible, pero necesariamente mensurable en votos propios y ajenos, además de subordinado a derechos más importantes, empezando por el de que ningún prójimo sea asesinado, necesite escolta o resulte marginado por no pertenecer a la cofradía. Decía mi amigo Mitxelena, excelente vascólogo, que para hablar de los orígenes de la lengua vasca lo mejor era callarse. El horno de datos y métodos no estaba para más bollos que una discreta reserva. Mitxelena no desbarraba como su paisano Larramendi en tener la lengua vasca por locución angélica , la que hablaba Dios con sus ángeles en el Paraíso. También estaba de vuelta de toda una pila de trapisondas que ¡mira tú qué cosas! hacían de los vascos los primeros y más puros españoles. Los primeros porque son nada menos que la tropa que acompaña a Túbal, hijo de Jafet y nieto de Noé, primer poblador de Iberia, desierta por el Diluvio Universal. Los más puros porque en su rincón resisten al extranjero romano y visigodo; mantienen su limpieza de sangre y su nobleza -las dos manías neuróticas más españoleiras del Siglo de Oro-, mientras los otros, los de fuera, ponen perdido el Rh con moros y judíos, además de dejarse pillar por la lengua latina. Y cuando ni con las carlistadas se mete en vereda a ese personal descreído, liberal o socialista, navajero, que baila agarrao , etcétera, y además ese personal españoleiro se te mete en casa porque necesitas mano de obra para tu buen hacer industrial, entonces es el momento de salvarse solos y de cortar por lo sano, con Dios y la Ley Vieja como objetivo y anclaje, respectivamente. Y ¡ojo al dato! en la fidelidad del vasco a su lengua no hay tantos milenios como Ibarretxe supone, pero hay bastantes porque la lengua vasca es babélica , estaba ya en la confusión con que Dios castigó a los hombres que intentaron en Babel el primer rascacielos, o rascaleches, que diría Miguel Hernández. Y lo de ser lengua y gente babélicas acaba no siendo un castigo, sino la denominación de origen, por voluntad divina, de un gran reserva que no puede aguarse ni echarse a perder con mezclas. Hasta aquí un telegrama de las trapisondas de prestigio bíblico que sirvieron para que muchos vascos del XVI al XIX se mirasen el ombligo con farde de ser primeros y más puros españoles. Esas trapisondas, reforzadas con otros antojos y ficciones, siguen siendo operativas, con inercia hasta hoy y para rato, en una mentalidad nacionalista que solamente ha cambiado en lo de que ya no son españoles -novedad que tampoco es como para estar dando el coñazo a todas horas. En cualquier caso un Pueblo Vasco con siete mil años a la espalda y otros siete mil por delante es una realidad con la que no contaban Etnografía, Etnología, Antropología y otras labores habituadas a la fugacidad de las cosas humanas.