Fanatismos

CARLOS GARCÍA BAYÓN

OPINIÓN

29 oct 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

LOS FANATISMOS y antifanatismos fanáticos, ya religiosos, ya políticos, ya enarbolando la mariconada de turno, son los grandes númenes de la historia. Cuando cualquier fanatismo o antifanatismo frutea, el ámbito se llena de poemas bélicos, sangres pisoteadas y misturadas y gólgotas. Los fanatismos ante la masa municipal y espesa decretan que no hay términos medios. No se admiten esquiroles ni manfloritas. Yo, gracias a Dios, tengo los glóbulos rojos sanos por vía paterna y materna hasta mi anterior quinta generación como católico, apostólico y romano. Más allá no puedo negar si hubo en la estirpe herejes, putas, asesinos, chaperos o judíos. Cuando ahora oigo arengar desde el Sinaí a los inmaculados antifanáticos que hay que machacar a los fanatismos, especialmente los islámicos, que son los que poseen el petróleo, toco la flauta como Bartolo y libo un cubata. Cumplida la digestión se me revela como a las pitonisas que esos, precisamente esos antifanáticos ultra sur del nueve largo son los peores, pues vienen a salvarnos del fanatismo de los otros para enterrarnos bajo su fanatismo.