EN LA VOZ (13-10) aparecía, a doble página, el anuncio de una clínica especializada en cirugía refractiva (para corregir miopía, astigmatismo e hipermetropía), con esquemas en los que se incluye el láser excimer . El acrónimo láser se forma con las iniciales de palabras inglesas que, en castellano, significan: amplificación de la luz por emisión estimulada de la radiación, y hacen referencia al proceso de generación de la radiación electromagnética coherente (visible o no), formada por ondas de igual frecuencia, que están en fase y tienen la misma dirección de propagación. Cuando se dan estas condiciones, las ondas salen reforzadas, igual que se refuerza el sonido en un campo de fútbol cuando los aficionados gritan al unísono: ¡gooool! La luz láser se caracteriza por su direccionabilidad o escasa dispersión y, en esa propiedad se basan muchas de sus aplicaciones, entre ellas la cirugía refractiva. Hay láseres que emiten luz visible (láseres de helio-neón), radiación infrarroja (dióxido de carbono) o ultravioleta (láser excímero). Un generador láser está formado básicamente por un medio activo (sólido, líquido, gas), una cavidad óptica resonante (para convertir la radiación en un haz intenso y de escasa dispersión), una fuente de energía y un sistema informático para facilitar su manejo. El medio activo de los láseres de excímero son moléculas excitadas. Excímer es la contracción de las palabras inglesas excited dimer (dímero excitado), por eso preferimos llamarle en castellano excímero . Se usa para designar moléculas diatómicas (dímero) que sólo existen en estado excitado. Los principales láseres de excímero son los de fluoruro o cloruro de gas noble (como son el argón, el kriptón, el xenón). En cuanto ceden el exceso de energía, en forma de radiación láser ultravioleta, los átomos se separan y las moléculas dejan de existir.