HAY QUE tener mucho cuidado para que la luz no moleste a criaturas tan fotosensibes. Queda prohibido abrir las ventanas y balcones de la mansión al exterior. Cuando se abra una puerta es preciso cerrar las otras para no perturbar la serenidad de los habitantes, o poner en peligro su salud. Una vez despejados los obstáculos tradicionales de Pedrafita o el Padornelo es preciso ahora disponer del gallego normalizado, en el que exponer el reciclado ininteligible memorial de tareas de la pertinaz revolución pendiente, tan útil para evitar que se difunda el pernicioso aire fresco, y fluyan libre y fácilmente las gentes y lo que es peor aún, el pensamiento. El tren, sobrecargado Pero surgen nuevas amenazas para los habitantes de la reformada mansión del Hórreo y los jardines de santo Domingo de Bonaval. La crisis económica ralentiza la marcha del tren del que formamos parte como vagón de cola. Se van a enganchar nuevos vagones de menesterosos y necesitados, de modo que más pronto o más tarde se va a acabar la sopa boba de Bruselas. Y la locomotora ya no está para muchos trotes si tiene que tirar de tantos vagones, y cuesta arriba. Entre tanto, la Kidman protege a sus cachorros de los intrusos, ahora con la ayuda inestimable de una sosegada estricta gobernanta, que toca el piano desocupado y nos arrulla con su más suave, dulce y melodiosa voz, deseando ganarse la confianza de la señora y sus pequeños. Mientras buscamos acceso directo a las sesiones espiritistas europeas, espantemos convenientemente de nuestra comunidad a los otros. Todo antes que reconocer que estamos bien muertos. Galicia bien, gracias.