Coliflores

| CARLOS GARCÍA BAYÓN |

OPINIÓN

RECORDABA hace días que el otoño son días románticos de palmípedas. También de octubre a diciembre son tiempos de coliflores. ¡Qué bellas, todas blancas y bordadas por la flor, todas verdes y satinadas por la col, todas deliciosas, a pesar de las flatulencias, por el tubo digestivo! ¡Qué sibaritismo! Estados Unidos, Rusia y algún país más han logrado en sus laboratorios atómicos coliflores gigantescas, pero incomestibles y devastadoras, bajo cuya flor y cuya col, como una seta colosal, no crece la hierba. Ahora denuncian que quien viene cultivando gigantescas y mortíferas coliflores y almacenándolas en herméticas catacumbas es Irak, leira arenosa y petrolífera del señor Sadam. Lo que incita a Estados Unidos y sus adláteres a protestar y proclamar que el único autorizado por los dioses a fabricar coliflores gigantescas y otras legumbres igualmente mortíferas son ellos. A mi me encantan las coliflores. Pero lo fundamental es que también le agradan a míster Bush, pero trufadas con dinamita. Qué lástima.