GOBIERNO y sindicatos vuelven a encontrarse hoy para tratar de recuperar el tiempo perdido. Cuatro meses parecen haber sido suficientes para que uno y otros, sobre todo uno, entrasen en razones. Y el puñetazo encima de la mesa, aprobando por sorpresa el Real Decreto Ley sobre la reforma de prestaciones de desempleo, se ha tornado en llamamientos al diálogo, a la flexibilidad y a la comprensión. ¿Qué ha cambiado en estos meses para que el Gobierno pase de la intolerancia, la obstinación y las bravatas a tratar de restablecer el clima de consenso? ¿Quién convenció a Aznar que el decretazo ha sido uno de los mayores errores de su gestión? ¿Y de que, por mucho que lo negase Pío Cabanillas, la huelga general que vivió este país no sólo existió, sino que le ha pasado factura a la credibilidad del proyecto de los populares? Hemos perdido cuatro meses. En discusiones estúpidas. Y ahora vamos a tratar de buscar fórmulas para que, sin que nadie se sienta descalificado, arreglar el desaguisado. Los sindicatos acuden a la cita de hoy sin ningún afán de revancha. Zaplana, con el ánimo de aceptar parte de las enmiendas que le sugieran. Y ambos con la necesidad de recuperar el diálogo social. A esta situación se ha llegado por una evidente falta de responsabilidad. Del Gobierno. De quienes presumieron que «este partido lo vamos a ganar». Y lo perdieron. Se impuso una reforma laboral sin diálogo ni consenso. Con un Gobierno que la declaró innegociable. Y hubo que rectificar. Dar el cambiazo. El encuentro de hoy tiene que ser sincero. No será fácil que ambas partes acepten replegarse en sus pretensiones. Pero hay que intentarlo. La cita de hoy no puede quedar reducida a una foto. Ni la reforma del texto, a un lifting.