EUSKADI, con poco más de dos millones de habitantes, tiene cuatro parlamentos que, a su vez, controlan a cuatro gobiernos. Conviene saber que el Estatuto de Autonomía vasco actualizó los Derechos Forales y, en consecuencia, tuvo que repartir competencias entre instituciones de autogobierno, común y forales. Ese Parlamento en el que se ha escenificado una ruptura anunciada tiene una representación limitada; y ahí sitúo la clave de la iniciativa que debe tomarse para no ir a remolque de los acontecimientos del denominado problema vasco , siempre liderado por el nacionalismo. Ibarretxe, miembro de la nueva generación de burukides , herido por las agresiones sufridas durante los dos primeros años de lendakari, con tregua-trampa y dos mociones de censura, ha optado por la ruptura con el Estado. Su discurso está cuidadosamente planteado, y tiene previstas todas las jugadas políticas de la oposición, con rédito electoral. Lo único que no tiene previsto es la iniciativa foral, entre otras razones por creerse que la controla. Una Euskadi sin posibilidades de recuperar Navarra, con pocos votos nacionalistas en Iparralde, y con Álava en manos del constitucionalismo, es una Euskadi rota, en la que ha fracasado el partido con vocación monopolizadora. Por eso, la estrategia del nacionalismo vasco está cantada. Hacerse con los votos de los antisistema, con un discurso de ruptura con España. Crear un conflicto de poderes, por colisión entre instituciones, mostrando que el modelo vasco de democracia es pacífico, pero incompatible con la del Estado español. Publicitar que la Administración vasca es más eficaz ante el ciudadano que la española, desde el momento que las cifras de calidad de vida de Euskadi son mejores que las de España . La colisión entre poderes legislativos, o entre el legislativo vasco y el judicial, o entre el legislativo vasco y el ejecutivo de España, es el escenario diseñado por promover un diálogo con intermediación de Europa en el conflicto vasco; evitando así que con la entrada de los países del Este, se cierren las esperanzas de una Euskadi-Estado en la UE. Pero, insisto; no cuentan con la propia idiosincrasia vasca, que hace posible aplicar pase foral en Álava a lo que se promueve o legisla en el Parlamento vasco; y ello, desde la soberanía de las Juntas Generales de Álava (Parlamento foral), que incluso pueden promover un proceso de ruptura de Álava con esa Euskadi desleal con el Estado. En definitiva, a los alaveses sólo les representan los alaveses; los que asientan en los escaños de sus Juntas Generales, y los veinticinco que se sientan en el Parlamento vasco. Esto último lleva a contar los votos en el Parlamento vasco, ya no por partidos o grupos parlamentarios, sino por territorios forales.