No conocen a Aznar

OPINIÓN

AL MINISTRO Montoro lo están bronqueando. A su jefe Rato lo quieren vapulear. Y al jefe de todos, un tal Aznar, lo quieren subir al patíbulo. Todo, porque mantienen el objetivo de déficit cero en un presupuesto que pocos entienden, algunos ven engañoso, y nunca satisface a quien espera algo del Estado. El único ser feliz ante sus previsiones es el señor fiscal del Estado, cuyo cargo se ve gratificado con una subida de sueldo grandiosa: un 57 por ciento. Quienes critican el objetivo del déficit cero en las cuentas públicas quizá tengan razón: ahora que Europa aplaza ese objetivo hasta el año 2006, a lo mejor era el momento de empeñarse algo y gastar más en obras públicas. A los ciudadanos nos importa poco que cuadren las cuentas. Lo que nos importa es que se hagan cosas y se presten servicios. En Galicia, por ejemplo, estaríamos felices si se acelerase el AVE, aunque viésemos que el señor Estado tiene que sacar deuda pública para financiarlo. Quienes así pensamos, no conocemos a Aznar. Podemos ponerle todos los argumentos encima de la mesa, que él sacará el espíritu de contable y dirá: a mí me pagan para que cuadren las cuentas. Le avala el hecho de que hasta ahora ha administrado perfectamente. Se le puede criticar casi todo, menos el rigor presupuestario. Basta que los socialistas califiquen ese objetivo como «una religión», para que el presidente se revista de pontifical y oficie la misa mayor. Basta que la oposición entera le reproche que mantenga esa meta, para que se ponga el antibalas: «Si me critican por mantenerlo, me masacrarían por levantarlo; hablarían de fracaso de mi política económica». Y basta que dos grandes de Europa, Francia y Alemania, no puedan alcanzar el equilibrio para que Aznar saque pecho y le diga al mundo: «En España hemos podido». Es su gran victoria internacional. Y, cuando se trata de alcanzar una victoria, tampoco conocéis al señor Aznar...