El milagro gallego

| RAMÓN BALTAR |

OPINIÓN

25 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

EL REPASITO del Dépor a la bestia negra del Real Madrid ha confirmado que Galicia ya es una segunda Baviera, como se nos había prometido a finales del milenio pasado. Felicidades a los autores de la proeza. Como los bávaros, los gallegos vamos a la cabeza en innovación científica y capital humano. Raro es el día en que uno de la tribu no inventa una pastilla mejor que la aspirina, descubre a ojo un par de agujeros negros o diseña un nanosubmarino clase parrulo para rastreo de embriones de angula en tránsito pelágico. Si aún no cayó un Nobel de ciencias es por falta de enchufes, que disgustan a nuestra nación. En lugar de serenos y criadas, exportamos portavoces y presentadoras. En infraestructuras, somos la repera. Hay más autopistas que regatos, tantas obras anunciadas y en fases distintas que algunos se figuran haber circulado por una que todavía carece de proyecto: autopistas virtuales, en las que el usuario elige su trazado y no paga peaje. En las otras vías, ya estamos en la posmodernidad con las primeras traviesas del tramo de alta velocidad Sigüeiro-Santiago. (Aquí hubo un error histórico: el tramo elegido debió ser Carril-Santiago, primer ferrocarril gallego). Nuestro crecimiento desafía a la ciencia estadística y económica. Según ciertas oficinas del ramo, Galicia está en la cola de las autonomías y con tendencia a empeorar. Los autores del disparate creen, pobres marxistas rezagados, que el bienestar depende más de la pasta que de un buen cocido regado con vino tinto de la casa (renta per ventres ). No interpretan el indicador básico: los incendios forestales. La felicidad de los gallegos es tal que muchos la exteriorizan plantando fuego al monte. Nuestros incendiarios en puridad no son pirómanos, sino piróbolos. Un respeto.