EL RADÓN es un gas radiactivo, que se origina por la desintegración del uranio (U-238) presente en la naturaleza, especialmente en rocas graníticas. (El número que sigue al símbolo, es la suma de protones y neutrones del núcleo). En el proceso se forman átomos radiactivos intermedios, entre ellos el radio (Ra-226). La desintegración del radio produce radón (símbolo Rn). El radón es unas 7,5 veces más denso que el aire, por eso tiende a acumularse en las partes bajas de los lugares en donde se produce. El radón se utiliza de forma controlada en procesos de radioterapia. Su efecto más nocivo es la potenciación del cáncer de pulmón, derivada de una exposición prolongada y a dosis altas. En un estudio publicado en OCU-Compra Maestra (marzo 1999) se considera como límite de actuación el valor de 148 Bq/m3, establecido por la norma americana. El becquerel (Bq), unidad de actividad radiactiva, equivale a una desintegración por segundo. Con datos referidos a más de un centenar de viviendas ubicadas en zonas graníticas (Galicia entre ellas), el 27 % superaban el límite de actuación. El 18% de estas viviendas tenían valores entre 200 y 400 Bq/m3 y el 7% sobrepasaban los 400 Bq/m3. El resultado más elevado correspondió a una casa de A Coruña con una concentración de 1.730 Bq/m3. El estudio al que se refería La Voz (18-9), realizado por un equipo de la Universidad de Santiago, evidencia que el 20% de las viviendas de la muestra supera el valor mínimo y que un 9% de los cánceres de pulmón, del área de Santiago, tienen relación directa con las emisiones del gas radón. Después de lo dicho, es importante que alguien se encargue de explicar lo que hay que hacer: medir la concentración de gas radón, ventilar las viviendas (especialmente bodegas, sótanos y garajes), tapar grietas, etcétera.