LA ROMERÍA que cada mes de septiembre celebran los incondicionales gallegos del Partido Popular merece ser incluida en el calendario de fiestas gastronómicas de Galicia. Con el mismo derecho que la de la empanada de Bandeira, la de la raya de Portonovo y la del caldo de osos de Taboada. Y que la subvencione la Xunta. Y que Juan Pardo le componga un himno para que lo cante Julio Iglesias. En la de este año José María Aznar, llegado expresamente desde Madrid horas antes de someterse a una operación, ha pronunciado un pregón al uso. Ensalzó las cualidades de estas tierras, su constante desarrollo y su ilusionante porvenir. Alabó el carácter apacible y trabajador de sus gentes. Y alertó de las dos plagas que pueden romper la envidiable convivencia: Sadam Husein y Rodríguez Zapatero. Como buen pregonero, José María Aznar no les quiso amargar el día a sus incondicionales transportados hasta el Monte do Gozo, con cuestiones de mayor calado. Y mostró sus extraordinarias dotes de buen pregonero. Sentido del humor, prudencia y buenas palabras. Sin referencia a un solo problema. Sin abordar ni una sola de las cuestiones pendientes. Como los pregoneros profesionales. Trazando un panorama idílico del lugar que se visita. Es difícil imaginar a José María Aznar ejerciendo como pregonero en Cataluña o Euskadi, por ejemplo, con el mismo discurso con el que se presentó en Galicia. Es difícil imaginarlo ante decenas de miles de vascos sin abordar las cuestiones que realmente les preocupan. Pero aquí, ya se sabe, el presidente del Gobierno y del partido mayoritario, vino con otro discurso. Con el de la felicidad. Con el típico de una romería gastronómica. Por eso hay que incluir la fiesta de los populares entre las citas gastronómicas del verano gallego. Y llamarla la romería del suflé. Por aquello de que todo es aire.