ARZALLUZ LO DIJO hace ya varias semanas: «En el País Vasco se ha implantado un estado de excepción». Desde Batasuna no se cansan de repetirlo en estos días: «Los vascos vivimos bajo un estado de excepción». Tienen razón. Pues, ¿qué es eso de un estado de excepción? Verán ustedes: es aquella situación que se da en un territorio cuando toda la población (o una parte de la misma) se ve privada de sus libertades y derechos, cuyo ejercicio deja de estar garantizado por la ley y pasa a depender de la voluntad de quien decreta el estado de excepción. Existe así, por ejemplo, un estado de excepción cuando el derecho a la vida no es un derecho del que todos gozan por igual, sino sólo un privilegio que beneficia a los amigos personales y políticos de quienes, sin acusación, ni juicio, ni derecho a la defensa, ni sentencia, ni posibilidad alguna de recurso, acusan, juzgan, condenan y ejecutan según su voluntad a los que, por su cuenta, declaran enemigos del país. Existe, también un estado de excepción cuando las libertades de expresión y asociación, o el derecho a la propiedad o a la integridad han sido arrasados por los que tienen el poder de decidir, de forma secreta e inapelable, quien puede hablar y asociarse y quien no puede; quien tiene su propiedad asegurada y quien en manos de los que manejan las bombas incendiarias; quien puede andar libre por las calles y quien ser secuestrado a punta de pistola; y quien, en suma puede vivir o corre el riesgo cierto e inminente de morir, según se someta a la autoridad competente (por supuesto militar) o se rebele contra ella. Y existe, en fin, un estado de excepción cuando las elecciones dejan de ser una competición igualitaria de todos contra todos, según reglas civilizadas acordadas de antemano, y pasan a ser una lucha completamente desigual entre quienes van a pecho descubierto y quienes se agazapan tras lo que, por controlar vidas y haciendas, están en disposición de castigar con la pérdida irreparable de unas y de otras, a todos los que se atrevan a desafiar el inmenso poder que otorgan la goma-dos y las pistolas. Por tanto, es cierto, sí, Arzalluz y Otegui tienen toda la razón: en el País Vasco existe un estado de excepción. ¡Vaya que si es cierto! El error de estos dos sagaces patriotas es un error sólo de fechas: según todos los indicios ese estado lleva vigente treinta años, los mismos que lleva ETA asesinando. Según ellos apenas unos días, los mismos que han transcurrido desde que con las leyes en la mano se ha pretendido poner coto a la ignominia de que una democracia conviva con un estado de excepción decretado por una banda terrorista.