LO PEOR que podría pasar esta tarde sería que lloviese en El Escorial. Que no llueva, por favor. Mira, dios de la lluvia, que allí va a estar lo más granado de la sociedad. Mira que puedes estropear centenares de pamelas. Mira que está en juego la foto del régimen, que ha de salir reluciente. Mira que viene Berlusconi, y ni siquiera Garzón ha llamado a los guardias a detenerle. Y mira que está también Tony Blair, y no es cuestión de incitar más sus ansias guerreras contra Sadam Husein. También me dirijo a ti, dios de la polémica. Tú, que inspiras a la oposición, haz que se olviden los apelativos de boda imperial y ostentación. Haz que triunfe la tesis de Zapatero frente a sus compañeros de dirección socialista: no hay por qué hacer preguntas parlamentarias sobre el fasto; no hay por qué indagar su coste, que es privado; no hay por qué poner en aprietos al presidente. Sólo es una boda, aunque sea la boda del año. ¿Qué padre de clase media no se ha empeñado hasta las cejas para dar a su hija una boda memorable? Comprensión Y me dirijo, por último, al dios de la comprensión. Tú, que tienes la clave de la paz social, haz que se retiren los argumentos que contrastan este lujo con la austeridad que predica el poder. Consigue que la ceremonia no convierta al Gobierno en asunto del corazón, ni un asunto del corazón en gran tema de gobierno. Consigue que no se politice el enlace, de forma que los mil invitados sean la selección del aznarismo, y los 40 millones de ausentes seamos los marginados del sistema. Y consigue que no sea un drama la ausencia de Felipe y Zapatero. Si a éste no le reciben en Presidencia, ¿por qué le iban a invitar a la boda? Y, respecto a Felipe, no se le puede decir en el Congreso «váyase, señor González» e invitarle después a una fiesta familiar. Las cosas tienen esta lógica. Esta tarde se casa una inquilina del Palacio de La Moncloa. No se reeditan los Pactos de La Moncloa.