EL 22 DE SEPTIEMBRE se celebrarán las elecciones generales en Alemania. Elecciones trascendentes para todos los europeos, por ser Alemania, junto con Francia, el país central en la Unión Europea (UE). De lo que ocurra en las urnas el domingo 22 dependerán decisiones sobre el futuro de la ampliación al Este de la UE, el desenlace sobre el debate en torno a los fondos de cohesión y estructurales, decisivos para España, o la suerte que pueda correr el Plan de Estabilidad que limita el déficit de los países miembros y que comienza a encontrar serias resistencias en su cumplimiento por gobiernos como el de Portugal. Además, se trata de saber si el canciller Gerhard Schröder al frente del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), puede frenar la caída en picado de la izquierda europea, que, desde la derrota en Portugal, Holanda, Dinamarca y la catástrofe francesa con la retirada de Lionel Jospin, está sometida a una crisis de fondo explicada por la desorientación y la duda entre seguir caminos neoliberales o desarrollar estrategias socialdemócratas en las políticas económica y de empleo. La otra gran cuestión, es, sin duda, los complejos problemas relativos a la inmigración y las respuestas de la izquierda. La derrota de Schröder a manos del democristiano Edmund Stoiber, representante de la bávara CSU, significaría un grave contratiempo para toda la izquierda europea. Las espadas electorales están en lo alto y muy equilibradas. Las graves consecuencias de las inundaciones y la rápida respuesta del canciller, aplazando durante un año la reforma fiscal prometida, pueden llevarse también por delante las esperanzas de Stoiber y permitir a Schröder un nuevo mandato. Lo que no explica las vacilaciones del canciller durante su gestión, ampliamente contestada por los sindicatos. La confirmación de la desaceleración económica mundial, desde hace dos años, ha disparado el desempleo en Alemania hasta unos niveles inquietantes y el crecimiento económico se estanca en un 0,3 por ciento del PIB. Los porcentajes de voto no decidido alcanzan el 40 por ciento del electorado, y Schröder está pretendiendo movilizar al votante de la izquierda, que, desde la ruptura del canciller con Oskar Lafontaine y su salida voluntaria del Gobierno, no se ha encontrado cómodo. Así se explica su oposición al previsto ataque de George W. Bush a Irak. Alemania no participará. En el próximo debate del domingo 8 de septiembre en la televisión pública, Schröder se juega su futuro. La otra clave depende del comportamiento del partido de los verdes y del antiguo partido comunista que puede no alcanzar la barrera electoral del 5 por ciento para entrar en el Bundestag.