Moral y derecho

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

OPINIÓN

28 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

ALGUNAS DECISIONES políticas -y no excluyo la de ilegalizar a Batasuna- parecen tomadas en razón de principios de los que no se debe abdicar, pero con escasa valoración de sus consecuencias para el objetivo perseguido. Ya no la moral, lo que es idóneo, sino nuestras leyes están hoy atiborradas de principios que, con frecuencia, nadie sabe lo que significan, si son de organización, de funcionamiento, políticos, jurídicos, éticos o simplemente de piadosa advocación. Y sobre ellos suelen adoptarse muchas resoluciones, prendidas de un hilo a la legalidad. Dice Sánchez Ferlosio que estamos convirtiendo la moral en una especie de Derecho inerme y éste, a su vez, en algo así como una moral armada . Y, mientras, los juristas callamos, esquivando otros principios, los generales del Derecho, éstos sí de raíz jurídica inequívoca e invocables ante cualquier juez. Quizá nos estemos dejando llevar por esa difusa ley de la corriente de una nueva percepción , la última de las que formulan Briggs y Peat en su alucinante libro Las siete leyes del caos .