¡DING, DONG! Tiempo de espera estimado, ocho horas . Ese anuncio de la bebida tropical fue el inicio de mi particular master veraniego en gestión sanitaria. Desconcertado como estaba ante tal cúmulo de información contradictoria sobre la sanidad, la insistencia del anuncio televisivo me orientó en la maraña de denuncias, indicadores, ruedas de prensa de la oposición, contrarréplicas puntillosas del Sergas, algún comunicado sindical e incluso el anuncio, después de tres años del anterior, de un inmediato anteproyecto de ley de ordenación sanitaria de Galicia. Contribuyeron también a mi master, por una parte, los artículos de Álvarez Corbacho y de Lombardía insistiendo en la asimetría del gasto sanitario entre lo dedicado a industria farmacéutica y a gastos de personal, y por otra, la demanda judicial de siete médicos de Vigo -ya sé, desestimada por la judicatura, nada nuevo- por la escasez de personal sanitario en tiempo de verano, que incide en la calidad asistencial. Los descriptores de la realidad fueron ordenándose en mi cabeza de forma tal que lo que era información dispersa e incluso contradictoria alcanzó un orden lógico: Tenemos un presupuesto de déficit cero, y este es un valor per se . Por tanto no hay crecimiento presupuestario, lo que incide especialmente en una contracción del capítulo de personal, que imposibilita nuevas contrataciones que atiendan la demanda creciente de servicios sanitarios. Demanda reconocida, entre otros, por el constante incremento del gasto farmacéutico, debido a una población cada vez más envejecida y a un oficialmente diagnosticado descontrol en su uso. Ello no impide que el Gobierno lance propuestas de gratuidad de medicamentos para menores de quince años, si bien esa medida llevaría a más gasto público en farmacia, lo que a su vez recortaría el dinero disponible para otros gastos del sistema, entre ellos el de personal, que por otra parte se encuentra en una situación de precariedad laboral: la interinidad alcanza a la mitad del personal facultativo, y otros se contratan por horas, sí, por horas. No se olviden además de los recursos económicos destinados a los centros concertados privados, que según datos de este periódico alcanzan anualmente unos 120 millones de euros, de los que un 60% son para la provincia de Pontevedra. E, independientemente del cierre de camas hospitalarias en los meses de verano -que no es una estrategia de gestión autóctona, sino copia de la de Andalucía, entre otros sistemas sanitarios pioneros-, hoy sabemos que tan sólo se cubre el puesto de uno de cada cuatro médicos que se van de vacaciones. No olviden que hay sanadores y curanderos, y tenemos también las mil romerías adonde ir ofrecidos. Todo ello puede paliar la vacación, sin sustitución, de la ciencia médica. Pero si con todo, se encuentran en la situación que describe el anuncio de la bebida tropical, y luego de diez o diez mil horas de espera la administración sanitaria les dice que su nombre no está en la lista, no desmayen e insistan: ¿Y el del pescado?