TODO EMPEZÓ porque una de las comensales pidió café con hielo. La persona que nos atendía apoyó el papel sobre la mesa, a mi derecha, y escribió: III solos y uno con yelo (III, son tres palitos). A pesar de poner cara de póker e intentar no mover un músculo, algo debió de notar, porque, como hablando para ella, dijo: «Ya sé que es con elle (o sea, llelo ), pero es igual». A los dos días he visto orega , como uno de los tres posibles primeros platos del menú del día, que debe ser oreja de cerdo a la gallega. Luego, en un restaurante, que presumía de serlo (las mesas de la terraza son para picar; para comer hay que pasar al interior), la pizarra anunciaba la oferta del día. En grandes y gruesas letras figuraban unas enigmáticas almegas , que supongo serían almejas elaboradas en cocina de gas. Si a esto añadimos los clásicos gurelitos, joubas y pemientos , podemos tener una idea bastante aproximada de la ortografía gastronómica que se lleva este verano. ¡Que ustedes la disfruten!