Cap d'Antibes

IGNACIO RAMONET

OPINIÓN

COMO CADA AÑO, paso mis vacaciones en el Cap d'Antibes, entre Cannes y Niza. Es uno de los pocos tramos de la Costa Azul que ha preservado su tranquilidad y su excepcional vegetacion de pinos, cedros, palmeras, magnolios, naranjos y olivos. Este pequeño cabo verde, desde el cual se divisan las cimas nevadas de los Alpes, separa las muy azules aguas de dos ensenadas: la bahía de Niza o bahía de los ángeles , y el espléndido golfo Juan, casi cerrado como un immenso lago por las islas de Lerins que le otorgan el aspecto encantador de nuestras Rías Baixas. Para los amantes de la geografía literaria, el Cap d'Antibes es, además, un lugar mítico. Por aquí han pasado, desde que los ingleses inventaron la Costa Azul a mediados del siglo XIX, algunos de los principales escritores (y pintores) de las ultimas épocas. En su chalé de Chênes Verts, por ejemplo, en 1872, Julio Verne escribió La vuelta al mundo en ochenta días y Los hijos del capitán Grant . Guy de Maupassant, en su chalé de los Alpes, en 1886, redactó sus mejores cuentos. Mientras el inventor del impresionismo, Claude Monet, en 1888, immortalizaba los paisajes acariciados por el viento mistral que sin cesar peina y despeina esta sublime península. Pero el escritor que más profundamente ha marcado el lugar es Francis Scott Fitzgerald. Llega aquí con su esposa Zelda en 1924 para reunirse con algunos amigos, fanáticos ya de este paraiso: Ernest Hemingway, Gertrude Stein, Rodolfo Valentino, Mistinguett y el gran novelista estadounidense John Dos Passos, quien contará sus recuerdos del Cap d'Antibes en su autobiografia The best times (Los buenos tiempos). Scott Fitzgerald acaba de publicar The great Gatsby y tiene dinero a espuertas. Aquí inventa ese estilo de vida hecho de velocidad, de lujo, de alcohol, de jazz y de sexo característico de los años 1920, the roaring twenties . Se compra el chalé Saint Louis (hoy hotel Belles Rives), que da directamente a la playa. Poco antes del crack de la Bolsa de Nueva York, en 1929, que pondrá fin a la época, Scott Fitzgerald sitúa aquí la intriga de su novela más nostálgica, Tender is the night, que contribuirá a crear la leyenda del Cap d'Antibes. Entre otras muchas celebridades, también viene a vivir en 1932, en Les Roches Grises, Georges Simenon, que escribe aquí Liberty Bar , una de las aventuras, «en una atmósfera de vacaciones», de su célebre personaje el comisario Maigret. Después de la segunda guerra mundial llegan los creadores de izquierda. En 1946, Pablo Picasso, muy activo entonces en el Partido Comunista, se instala con su compañera Françoise Gilot en el castillo de Antibes (hoy museo Picasso, donde presentan en este momento una gran exposición de Tàpies). Después de cinco años en el sombrío París de la ocupación alemana, Picasso, eterno enamorado del Mediterráneo, redescubre el gran mar azul, su luminosidad y sus mitos: el minotauro, el centauro, Dionisio, Ulises... Reencuentra la felicidad, la dicha, y pinta uno de sus cuadros mas luminosos: La joie de vivre (La alegría de vivir) . Ese mismo año 1946, el escritor anticonformista y anticlerical Nikos Kazantzaki, autor de Zorba, el griego , se instala también en el Cap d'Antibes, en la villa Rosa. Vivirá en ella hasta su muerte, en 1957, y escribirá su tragedia más corrosiva - Sodoma y Gomorra - y sus mejores novelas: Cristo recrucificado y La última tentación de Cristo . Otro gigante de las letras, amigo de los revolucionarios de América Latina, Graham Greene, también pasa aquí los últimos años de su vida, de 1966 a 1991. Aquí escribe nada menos que El factor humano, Viajes con mi tía y El cónsul honorario . «Exiliado en este paraíso de Antibes, en este Edén reencontrado -decía Greene-, la desgracia humana y la injusticia me resultan más próximas. Y mucho más dolorosas».