El periódico de ayer sirve para envolver el pescado, dice el clásico. Esta sociedad va tan rápido que todo el mundo desprecia el periódico de ayer. Lo cogen en la barra de un bar y, cuando ven que es el de ayer, lo sueltan como si estuviese apestado. La información de hace veinticuatro horas no existe. Así de deformada es esta suciedad nuestra de cada día. Mira que hay cosas para leer, artículos para reflexionar en un periódico, pasatiempos que cubrir, pero la mentalidad que tenemos de correcaminos nos impide apreciar lo que no sea de hace diez minutos. Así vivimos saturados, asfixiados por noticias que cada media hora convierten el teletipo anterior en antidiluviano. La actualidad no es razonable. Es un bombardeo, un infierno. Sucede en todos los ámbitos: la información deportiva, la económica, la cultural, todo es papel mojado cuando ha pasado un rato. Así es imposible ser humanos. No hay que menospreciar la capacidad del periodista para separar entre la paja y el grano. El alud de datos puede acabar con cualquiera. Un exceso de información desinforma. El periódico de ayer es una ordenada enciclopedia, siempre muy trabajada. Disfrútela y después envuelva, si quiere, el pescado.