02 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

SIGUE la conmoción provocada por el titular de primera página de La Voz de hace nueve días respecto del censo del 2001: "Galicia pierde 35.000 habitantes, mientras España gana dos millones". Los comentarios que provocaron estos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) han sido, en general, pesimistas y en cierto modo de alarma. El hecho de que las mayores caídas se sitúen en Castilla y León, Galicia y Asturias muestra cuál es la tendencia en el noroeste español. Sería malo quedarse en los datos y en el lamento, y no entrar en las verdaderas razones de nuestra crisis, de la cual, por cierto, aún desconocemos sus auténticas proporciones. El INE ha anunciado para los próximos meses datos detallados que permitirán evaluar con rigor la situación. En cualquier caso a partir de ahora toca actuar. Si Galicia ha empeorado las previsiones de despoblación es que algo funciona mal. Las comunidades que crecen se caracterizan por una natalidad superior a la media española y un porcentaje de población inmigrante por encima del 2%. La fórmula no garantiza el éxito, pero es el resultado de un crecimiento económico más equilibrado y sostenido. El empuje y el acierto necesarios para convertirse en una tierra-imán.