Éste es el conflicto

OPINIÓN

31 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

YA SUCEDIÓ. Mohamed VI ha proclamado el derecho de su nación a la integridad territorial. Dicho en el lenguaje que nos duele, ha pedido «el fin de la ocupación española» de Ceuta y Melila. Ésta es la cuestión que cae sobre el Gobierno español en víspera de vacaciones. Mientras saboreábamos el triunfo heroico de Perejil, Mohamed preparaba la revancha y construía el discurso que su país reclamaba: el de la unión nacional. Para España, ha tocado un tabú. La soberanía sobre las dos ciudades no es discutible. El discurso oficial siempre ha proclamado su españolidad . Se acaban de prometer fuertes inversiones como garantía. Y todo ello, acompañado por un coro españolista que predica que éste es el momento de un viaje de los Reyes, o que Perejil es el ejemplo de cómo se deben defender Ceuta y Melilla. Mohamed se ha equivocado. Plantear su reclamación en un discurso a la nación es provocar la máxima tensión. ¿Qué puede hacer España? Primero, preguntarle a Bush si Mohamed está solo. Temo que no. Segundo, no responder con la provocación ni el menosprecio, a los que son dados tantos líderes de opinión en este país. Ese es el peor sistema de afrontar nuestro más grave conflicto exterior. Y tercero, tomar lo único bueno que tiene el mensaje real: la puerta que deja abierta al diálogo. España no puede ceder. Pero tampoco puede envolverse en la bandera nacional como si nada hubiese ocurrido y desconocer que ha sucedido lo más temido en relaciones exteriores. La grandeza de este momento consiste en recoger ese guante del diálogo y conducir el nuevo escenario por sendas de paz. No se puede responder afirmativamente a un desafío planteado así. Pero hay que hablar. Con el ritmo y los plazos que marquen la sensatez y la astucia diplomática. Lo que no se puede hacer -y temo que se hará- es descalificar y humillar otra vez al demandante. Eso sólo conduce a escenarios peores. Si caben.