DESGRACIADAMENTE SON demasiadas las ocasiones en que los partidos políticos dan motivos de satisfacción a quienes, interesadamente, promueven el desprestigio de la política y de las instituciones democráticas. Una de esas frecuentes situaciones a las que me refiero se acaba de producir con motivo de la propuesta realizada por Touriño sobre el autogobierno de Galicia, y la injustificada descalificación que dicha propuesta mereció por parte del presidente de la Xunta de Galicia. En 1994, aprovechando el debate anual de política general, Fraga hacía una amplia reflexión sobre la situación del autogobierno de Galicia y en general sobre el Estado de las Autonomías. En su larga intervención el Presidente de la Xunta ponía de relieve la existencia de importantes disfunciones administrativas, duplicidad y solapamiento de competencias, marginaciones inadmisibles en inversiones e infraestructuras, abusos en la utilización de la legislación básica del Estado y proliferación de relaciones bilaterales, con los consiguientes agravios comparativos, frente a la necesaria multilateralidad. A este panorama, Fraga añadía la nueva perspectiva que la integración en la Unión Europea aporta al diseño del Estado Autonómico, y denunciaba la falta de sensibilidad de la Administración central para tomar en consideración la opinión y los intereses de las comunidades autónomas, a la hora de configurar la posición española en los foros europeos. Como producto de esta reflexión Fraga formulaba una amplia batería de propuestas, incluida una reforma parcial de la Constitución, para abordar «la honda redefinición que necesita el marco general del Estado de las Autonomías». Casi nada. Como puede apreciarse, Fraga tenía meridianamente claro la relación causa-efecto existente entre el modelo de autogobierno y el desarrollo político, económico y social de Galicia. ¿Ha cambiado Fraga de postura?. De no ser así, el presidente de la Xunta debería de aclarar por qué descalifica una propuesta que, si no idéntica, es similar a la que él mismo realizó en 1994, y reafirmó como compromiso de gobierno en su última investidura. Porque lo que no debe ocultar esta desdichada polémica es la importante coincidencia existente entre el PPdeG y el PSdeG sobre tan relevante asunto. Si además no perdemos de vista la actual postura del BNG que, desde la aceptación formal del Estatuto y la Constitución, formula propuestas concurrentes con las de Fraga y Touriño, concluiremos que estamos ante una oportunidad única para, superando desencuentros históricos, dotar al Autogobierno de un respaldo inédito desde 1936, que proporcionaría a nuestras instituciones una gran estabilidad y proyección de futuro. A Touriño se le puede y se le debe pedir que garantice que asuntos de esta relevancia no serán utilizados con fines exclusivamente propagandísticos. Pero a Fraga cabe exigirle que, al menos por una vez, rompa con su tradición de acertar en lo accesorio y equivocarse en lo fundamental.