BERGAMÍN, EL ADELANTADO

RAMÓN CHAO

OPINIÓN

11 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Cabe preguntarse por qué un autor como José Bergamín, desaparecido hace más de un cuarto de siglo, y que según su obra y su vida debería de quemarse en el purgatorio, está resucitando gracias a coloquios y traducciones, tres de las cuales salen ahora en Francia. La respuesta es sencilla: Bergamín siempre estuvo adelantado. La prueba, esta «banderilla» que plantó hace unos treinta años: «A falta de voces, buenos son los votos». Antes: urnas destruidas. Ahora: ordenadores ordenados. Sus ideas múltiples y molestas, siempre comprometidas, nos aportan mil razones para ser políticamente incorrectos y cada vez se aprecian más en una época de pensamiento uniforme. En Caballito del diablo, goza con gravedad ejerciendo su placer favorito, el aforismo, dimensión figurativa del pensamiento: su única dimensión. Aforismos no sólo cortos, sino también inconmensurables: «Razón es pasión, y pasión es conocimiento». En estos aforismos Bergamín aporta una novedad a la tradición y se aleja de Gracián. En ellos define el tedio como «la puerta secreta del paraíso», y en una pirueta osada, lo asimila a la poesía: "El tedio de la ostra produce perlas". Nacido en Madrid en 1895, Bergamín pertenece a la generación de 1927. Hasta la guerra civil se puso al servicio de sus amigos poetas. En 1933 fundó la revista Cruz y Raya, donde colaboraron García Lorca, Alberti, Cernuda, Aleixandre y otros, al lado de Picasso y T.S.Elliot. Se erige, no en un «maestro del pensamiento», sino en «maestro en vivir su pensamiento» y mantiene con España un diálogo de alta tensión. Parece hereditario: los grandes españoles siempre han sido poco razonables. Su España -sabia, popular, católica y republicana- es la que torea con el diablo. Bergamín torea con las palabras. Grandes toreros fueron sus amigos, como Joselito, Bermonte y últimamente Francisco de Paula. En 1928 se casa con Rosario, hija de Carlos Arniches. Van en viaje de novios a la Unión Soviética, país que le impresionará. Luego es nombrado Consejero cultural de la Embajada de España en París, y en una época en que la Iglesia bendice la «cruzada», él logra que militen contra el franquismo escritores católicos como Jacques Maritain, Emmanuel Mounier y Georges Bernanos, el de Los cementerios bajo la luna . En 1939 se exilia en Hispanoamérica, y vuelve veinte años después. Franco lo cita como ejemplo de los que «supieron perder», a lo que Bergamín contesta que él «no supo ganar». De modo que otra vez al exilio, no sin haber denunciado antes las torturas infligidas a los mineros asturianos. André Malraux lo protegerá. Lo había conocido durante la guerra de España, e incluso lo convierte en un personaje de L'espoir : Nombrado ministro, Malraux lo nombra Comandante de Artes y Letras, distinción a la que renuncia años después por solidaridad con los refugiados nacionalistas vascos. En España otra vez, en 1970, ha de abandonar sus colaboraciones en la prensa por su radicalismo: reprocha a los políticos su adhesión a la monarquía, y piensa que tras la muerte de Franco se hubiera podido llegar a la pureza republicana. Y no hablemos de sus artículos en los que justifica el terrorismo, llevado sin duda por su gusto por la provocación. María Zambrano pensaba que Bergamín buscaba un castigo; que tenía tan arraigado el cristianismo que deseaba la crucifixión. Está enterrado en un nicho anónimo de Fuenterrabía, como el Cristo de sus Tres sonetos a Cristo crucificado ante el mar.