EL SIDA EN ÁFRICA

RAMÓN CHAO

OPINIÓN

De sobra se conocen las cifras. De modo que todo está dicho, pero pensaba André Gide que como nadie escucha, hay que repetirlo mil veces. Recapitulemos entonces: dos millones trescientos mil africanos murieron el año pasado de sida, y si nos limitamos a la región subsahariana, durante el mismo periodo se dieron trescientas cuarenta infecciones. La esperanza de vida en esta zona, que era de 62 años antes de la aparición de la enfermedad, ha bajado a los 47. En los cuatro países africanos más afectados esa esperanza de vida se sitúa hoy en menos de 40 años. Dos decenios de vida perdidos en dos decenios de epidemia.... La plaga afecta a sectores importantes de la organización de los países afectados. A los de educación y salud, en primer lugar, cuyo personal ha sido diezmado. Se calcula que sólo en el año 1999, ochocientos sesenta mil niños de África subsahariana se quedaron sin maestros. En República Centroafricana, el sida provocó el 85 % de las 300 muertes de maestros que se produjeron en 2000, un desastre que acarreó el cierre de 100 escuelas en ese país. Para que se ocupen de sus padres enfermos, o para sufragar los gastos indispensables para sus tratamientos, que ayudan a cubrir, se les retira de las escuelas; y en Suazilandia, por ejemplo, la inscripción de alumnos, en particular de niñas, bajó un treinta por ciento. En Ruanda se han llevado a cabo estudios sobre los gastos que acarrea en una familia un enfermo de sida: veinte veces más que en las otras familias. Y Onusida afirma que solamente una tercera parte de las familias puede afrontar esos gastos suplementarios. Pero aún falta la cola por desollar, que puede proceder de la agricultura. La FAO recuerda que desde 1985 murieron de sida unos siete millones de campesinos y calcula que esta cifra pudiera elevarse a dieciséis millones en los próximos veinte años, concluyendo que «el peligro de penuria y de hambruna a gran escala son reales». En medio de tamaño desastre, lo que preocupa al gran capital es la pérdida de un mercado y de productividad de las empresas, como indica con cinismo el «calculador de riesgos para uso de las empresas» ideado por el doctor Jack von Niftrick: «El problema no es ya de salvar vidas. Es demasiado tarde. Nuestro objetivo consiste en salvar de la catástrofe a las empresas». No bajar los brazos Y no: nada de bajar los brazos ante unas estadísticas frías y brutales que de año en año aumentan de forma vertiginosa. Tomemos ejemplo de muchas mujeres y hombres africanos que han abordado todo los aspectos de la lucha, tanto de la prevención de la enfermedad como la de su curación. Ruda tarea, ya desde el comienzo: incluso no se informa a las familias sobre la afección de los suyos. Los enfermos regresan de las consultas con paludismo, fiebre o dolor de cabeza; jamás con sida. Y así funciona una cadena de transmisión implacable, en países donde la poligamia está anclada en las costumbres desde tiempos remotos. Hay que rechazar toda clase de discursos fatalistas. Y el mismo tiempo militar: en el seno de asociaciones locales que trabajan con comunidades de los países afectados. El combate contra el sida exige la conjunción de todas las energías: públicas, privadas, asociativas, en coordinación con las asociaciones locales de lucha contra una de las plagas mas devastadoras que jamás haya conocido la Humanidad.