Dos noticias en Santiago, dos noticias y una de ellas mejor que no lo fuera, pero vamos a volver sobre ella para darles por el palo que les gusta a los que les gusta que les den por el palo que les gusta. Tuvo que ser noticia triste y grave que en la robleda de San Lourenzo un roble añoso ya no pudo consigo y se nos vino abajo sobre un crucero que quedó hecho pedazos. Un emblema hermoso e indiscutible de Galicia ha tenido que írsenos destrozando otro emblema también indiscutible y hermoso. Mejor que ni llegase a noticia el alporizamiento con que unos cuantos se han manifestado por lo que estiman maltrato a otro emblema de Galicia, Castelao, que será más emblema, más hermoso, más indiscutible y de todos, en cuanto unos cuantos se dejen teimas, cismas y andrómenas. A poco de ascender Jesucristo a los cielos ya se vio que le sobraban albaceas, vicarios, portavoces y definidores. Castelao no iba a ser menos, pero, si nos dan un escampiño y se ponen sordina, muchas gracias. Podría bastar con lo que ellos ya sabían: el esfuerzo y el dinero públicos fueron para traducir a Castelao y llevarlo a otros lugares de España y lo de aquí fue la traca de fin de fiesta. Traducirlo para solamente aquí sería una tontería que me atrevo a suponer que mi amigo Xesús Alonso Montero no cometería. Sería tontería, pero libre, y no sería, desde luego, «aldraxe», «noxo» ni otras enormidades por el estilo o por la falta de él. También ha sido tontería traducir al gallego la obra castellana de Rosalía, pero el ejercicio de los prejuicios y de los antojos está reconocido en las leyes. Y puestos a buscarse remilgos y reparos para no comparecer como concejales en un acto público y ciudadano que no gusta, les voy a hacer a los concejales objetores una reflexión de números y condiciones tan evidentes que es una pena que tengan que recordarse. El uso de la lengua española en Santiago a todas horas y por un crecidísimo número de ciudadanos se debe a que es lengua normal en el individuo y en la colectividad para comunicarse a tope y sin barreras; no se debe a que uno tenga complejos, quiera medrar y hacerse el fino, etcétera. Es decir, cualitativamente es una realidad ciudadana de Santiago bastante mejor fundada en razón y en la realidad de ayer y de hoy, bastante más normal y, cuantitativamente, con más participantes o adherentes que las tradiciones y las pompas de liturgias y ofrendas nacionales al Apóstol que, aunque aptas para creyentes e incluso históricamente con su punto de fósilmente respetables, no son el mejor lugar para izquierdas agnósticas. Yo respetaría a tope su libérrima incoherencia, si ellos tuvieran más remilgos ante una pompa de nacionalcatolicismo y tuvieran menos remilgos para apuntarse a que Castelao se represente en una lengua que en Santiago no es un parásito marginal, advenedizo, impensable, sino lengua normal de muchos, por no decir de todos.