El 70% de los conductores españoles circula habitualmente a una velocidad superior a la permitida. Incluidos los de autobuses escolares. Lo acaba de revelar un estudio del RACE, que no habla de los coches oficiales, de los particulares con los oficiales dentro, ni del 30% que no infringe los límites porque el coche no les da para más. Es la eterna canción. Se circula a velocidades de vértigo y pasa lo que pasa. Y como quiera que somos poco dados al análisis y a la reflexión nos quedamos con que la gran mayoría de los conductores son unos irresponsables. Llevamos años haciendo el mismo examen. Llevamos décadas sin avanzar en nuevos planteamientos. Y, sin embargo, no conseguimos reducir ni el número de accidentes. El RACE pide que se prime más la información y la persuasión que las sanciones. Pero, evidentemente, no interesa. Los casi doscientos millones de euros que el pasado año ingresaron las arcas del Estado, de los que 17 provenían de los bolsillos de los gallegos, son una razón de peso para no abordar el problema con racionalidad. Nos gastamos todos nuestros ahorros en un coche que dispone de ordenador central, dirección asistida, ayuda a párking, climatizador controlado, elevalunas eléctrico, navegación por satélite, ABS, EBO y el abecedario completo. Tecnología punta, que se dice. Y Tráfico nos obliga a circular por las autopistas a la velocidad que lo hacían nuestro abuelos en aquellos 600 y por aquellas carreteras que tan bien vendía Silva Muñoz. Los únicos que en este país no se han enterado de los avances de la industria automovilística son los que sólo se ocupan de garantizar el volumen de la recaudación por sanciones. Si lo que les preocupase fuese la vida de los automovilistas, obrarían de otra forma. Lo explicaba muy bien Xaquín Marín en una de sus viñetas: «A solución para que a maioría dos conductores non superemos os límites de velocidade sería limitar menos». Así de simple.