Según un reportaje escrito desde Ashiya, la organización conjunta del Mundial de Fútbol está ayudando a que los japoneses desprecien un poco menos a los coreanos del sur y a que estos odien un poco menos a los japoneses. Los coreanos no terminaban de olvidar -al igual que los chinos- las malas pasadas que Japón les había jugado en los dos últimos siglos. Pero, sobre todo, apenas soportaban la versión que se daba en los manuales de Historia nipones. Ya se ve que la lucha por el control de la narración histórica ni es de hoy ni se limita a nuestros pagos. Y que puede fomentar rencores interminables. Como respuesta, los coreanos habían prohibido la difusión de la cultura popular japonesa -cine y cómics, sobre todo- en su territorio. Pero ya han levantado la prohibición y parece que también esto ha contribuido al reencuentro, aparte de que las jóvenes generaciones ni siquiera tienen que olvidar unos agravios que no vivieron. Está bien eso. Trabajar con alguien y no contra alguien siempre ayuda. Nadie dirá esta vez que el fútbol fomenta la violencia y el enfrentamiento de bandos, sino la cooperación y el entendimiento. Además... ya no es posible una final Japón-Corea.